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Las dos vacas argentinas, al matadero de Glasgow

Mal momento para ser productores de gas natural y de carne vacuna. EE.UU y Europa lideran la gesta contra el metano. Argentina firma en silencio: en estas cumbres su rol es el de pasar la gorra.

03/11/2021 | 17:29

Las cumbres climáticas mundiales son olímpicamente ignoradas en Argentina. Acá nos sobran motivos para incendiarnos, pero no es por el calentamiento global.

Sin embargo, pasan en esas cumbres cosas que nos van a influir mucho. Ayer, por ejemplo, en la cumbre de Glasgow, Estados Unidos y la Unión Europea lanzaron su Compromiso Global para Recortar el gas Metano. Es muy ambicioso: para 2030 hay que reducir las emisiones en 30%; para 2050 hay que dejar de emitir.

El metano es, al menos oficilamente, el peor gas, porque para el panel de las Naciones Unidas una molécula tiene el efecto invernadero de 28 moléculas de dióxido de carbono.

Más de 120 países firmaron el compromiso.

Y también lo firmó la Argentina, un poco inconcientemente, sin debate, pese a que vamos a ser uno de los países más afectados del mundo por las restricciones que van a empezar a parirse en este acuerdo.

¿Por qué va a ser la más afectada? Porque el metano tiene dos industrias humanas como origen: el gas natural (que es metano) y la ganadería (porque todos los animales, en especial las vacas, eructan y pedorrean metano).

Y nosotros tenemos esos dos boletos comprados: Vaca Muerta y la ganadería.

El gas natural se quema en la hornalla, por lo que sube a la atmósfera ya como dióxido de carbono, por “suerte”. Pero se producen escapes desde el pozo de fracking hasta la hornalla y la estación de GNC. Habrá más exigencias. Será más caro producirlo. Y quedan pocos años para exportarlo porque los países ya lo van reemplazando por energías renovables.

El metano de las vacas, en cambio, sube todo a la atmósfera. Por eso la campaña de los ambientalistas contra las vacas es feroz. En una dupla imbatible con los defensores de animales. No les importa un detalle crucial: el metano, una vez que sube, luego de 10 años se descompone en carbono, y entonces vuelve a ser captado por los vegetales que vuelven a comer las vacas. Conclusión: la ganadería no agrega ni metano ni carbón extra a la atmósfera, como la industria del petróleo. Sólo los recicla. Pero la ganadería ya está sentenciada.

Los países que firman estos acuerdos deberán reducir su emisión de metano, compensarla con otra cosa o comprarles cada vez menos carnes o gas natural a los países que los produzcan. O sea, dejar de comprarnos carne o gas a nosotros.

De todos los cinco países que tienen las dos cosas, gas y vacas, en abundancia, sólo Estados Unidos, Canadá y Argentina firmaron. Rusia no lo hizo. China tampoco.

Argentina firmó sin decir ni mu, sin que se haya discutido el tema acá. No sorprende: somos el país pordiosero, el que pasa la gorra. Vamos a cualquier cumbre mundial, del tema que sea, a toquetear a mandatarios que no nos dan bola y a mendigar que nos perdonen el próximo vencimiento de deuda. Que es lo que hizo Alberto Fernández esta vez.

Los temas de fondo no son para indolentes o chauvinistas. Son para las naciones que logran tomarse a sí mismas en serio.

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