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Política esquina Economía

Un país de sindicalistas ricos y empresas quebradas

Lo dijo claro un gremialista que sitia un parque industrial: “Los trabajadores nos pertenecen a nosotros”. En tres años desapareció el 15% de los empleadores. Y ni un sindicato.

25/02/2021 | 14:07

La imagen de un empresario Pyme llorando de impotencia ante el sitio que una patota del Sindicato de Camioneros le impone al parque industrial que él desarrolló es una postal del desquicio en el que está inmersa la Argentina.

Más de un centenar de pesados del clan Moyano exigen que 47 empleados de una pyme que maneja un depósito dejen el gremio al que están afiliados ahora y se pasen al gremio de los camioneros, aunque no manejan vehículos. Los apretadores no sólo violan los derechos de esa empresa y de esos trabajadores sino los de todas las empresas del parque. Hace 6 días que acampan en la zona, como si fueran huestes que sitian una ciudadela de la Edad Media. Como panchos por su casa. La Justicia y la policía, en lugar de desalojarlos, les custodia los autos.

¿Ese es el panorama que les espera a las empresas argentinas que hayan sobrevivido a la última década de estancamiento y al año de la pandemia mundial y tengan la osadía de seguir operando en blanco en medio de la inflación y después de un año de prohibición de despidos?

En menos de tres años (2018, 2019 y nueve meses de 2020) se perdió el 15% de las empresas privadas en blanco. A este ritmo, quedan empresas para 15 años. Que se sepa, no cerró ningún sindicato.

Y a nadie se le cae una idea.

Para la casta que gobierna y vive del Estado, los privados son un enemigo. Y no parece ver el problema. Su receta es más de lo mismo desde hace dos décadas: más impuestos, más trabas, más costos, más rigidez, más subsidios al no-trabajo, más cepo. Un eterno siga-siga. Como si viniéramos de algún éxito.

Al costo lo pagan los trabajadores. No sólo por los 500 mil empleos en blanco perdidos en esos tres años, sino por los salarios cada vez más miserables, en dólares y en pesos, que cobra el resto.

Mientras, a medida que mueren y se debilitan las empresas, los sindicatos son cada vez más poderosos. Lo dijo claro un sindicalista citado por La Nación: “Los trabajadores, por la actividad que desarrollan, nos pertenecen a nosotros”, dijo. ¿Esclavismo? No, eso sería tal vez exagerado. Pero no deja de haber algo de cierto: las empresas, sus dueños y sus trabajadores generan el valor de donde salen los salarios. Pero en Argentina los trabajadores son del gremio, en este caso de Moyano.

Que no en vano maneja el fútbol, controla el transporte del país, es fabulosamente rico, es el jefe de una dinastía sindical y política y tiene que ser cortejado por todos los presidentes porque puede sellar la suerte de cualquier gobierno. Mientras, un empresario llora.

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