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Política esquina Economía

Táctica y estrategia de la discriminación laboral

La municipalidad de Río Cuarto deberá contratar a personas LGBT en dos años, las necesite o no. Qué pasa en otros lados donde se busca una inclusión con empleos de verdad.

03/09/2021 | 12:21

El Concejo Deliberante de Río Cuarto aprobó ayer un cupo laboral LGBT. ¿Qué significa? Reservar al menos el 1% de todos los empleos y contratos para personas de diverso género y orientación sexual.

Esto cada vez más común en el mundo y en Argentina. Se privilegia a personas que forman parte de grupos discriminados. Y se obligan a contratar a personas no por sus perfiles laborales sino por razones extralaborales.

Pero en Río Cuarto aparece una novedad: el municipio deberá completar el cupo en dos años. Es decir, tendrá que tomar los empleados más allá de si hacen falta o no.

Si llega a ser así será otra sutil forma de discriminación: van a cobrar, pero van a seguir sin tener un trabajo real.

El enfoque del tema parece, si no errado, anacrónico. Primero, seguir usando al Estado, en este caso un municipio, para hacerle gastar en cosas que no son lo que son, es prolongar el desmadre financiero del sector público. Es un municipio cobrando impuestos a las empresas que podrían generar trabajo de verdad para inventar empleos de mentirita.

Segundo, podríamos ir pensando en formas más reales de terminar con la discriminación laboral, que es innegable y que es claro que existe. En Estados Unidos, por ejemplo, las organizaciones LGBT evalúan y califican, por fuera del Estado, a las grandes empresas privadas según sean más o menos LGBT friendly, es decir, según ejerzan la inclusión. Y los resultados son impactantes. Adidas, Tesla, Apple, CocaCola, McDonald’s, Nestlé, Pfizer, Walmart son algunas de las cientos de empresas con máximo puntaje en el ranking 2021.

Las empresas se cuidan como de mearse en la cama. Porque a esta altura para una empresa, en cualquier lado del mundo, es una catástrofe comercial que la cataloguen como discriminadora. El riesgo del repudio de sus clientes es enorme. Y de sus empleados también: ¿quién quiere trabajar en una empresa manejada por nabos discriminadores? A una empresa así no sólo le falta inteligencia y futuro. Le falta ética.

La discriminación existe y hay que atacarla. Pero estaría bueno buscar mejores maneras. Tal vez sea mejor una inclusión verdadera y productiva, y no una inclusión que pase por crear ficciones estatales que nadie necesita y que en realidad no son trabajos, sino otro subsidio más.

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