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La economía está mal del mate

El problema no es el intervencionismo total en la yerba mate, sino que las intervenciones se contradicen entre sí. Un ejemplo de cómo la economía termina siendo un psiquiátrico a cielo abierto.

29/11/2021 | 17:19

Tras décadas de pésimo intervencionismo estatal, hay sectores de la economía que están desquiciados.

Un ejemplo es el de la yerba mate. Los burócratas han intervenido tanto para impedir cualquier cambio que han terminado creando un monstruo.

En 2002 se creó el Instituto Nacional de la Yerba Mate para regular el mercado. Es el único en su tipo en el agro y le permite al gobierno fijar precios mínimos para la hoja verde y la yerba mate canchada. En los hechos, es una corporación que les garantiza precios mínimos a unos 15 mil productores. Eso de entrada desestimula la productividad.

Encima, el Instituto se tomó atribuciones el año pasado para frenar nuevas plantaciones. En los hechos impide que nadie crezca, que ninguna empresa gane escala. Otro palazo a la productividad.

Así, el sector no innova, no invierte, no hay nuevas tecnologías ni gana eficiencia. Queda todo congelado. Todo lindo, porque así nadie quiebra. Pero, claro, como no se gana productividad, aparecen un problema: los salarios miserables y en negro del sector tienen que seguir siendo miserables para siempre. A menos que subamos cada vez más los precios al consumidor final. En los últimos años sucedió un mix de las dos cosas.

Pero, claro, a nadie le gusta la miseria. Así que, también desde 2001, más o menos cuando se fundó el Instituto, los mismos gobiernos armaron una parafernalia de planes sociales. Y por esos planes, nadie quiere trabajar en cosecha de la yerba por los mismos bajos salarios de siempre.

Tampoco a nadie le gusta que aumenten los precios. Empezando por el gobierno. El gobierno hizo dos cosas para contener el precio de la yerba. Primero, intentó controlar y ahora congelar su precio minorista. Segundo, permitió cada vez más importaciones de yerba de Brasil y Paraguay para que compitan en las góndolas.

Ahora, el senador y exgobernador de Misiones, Maurice Closs, le reclama al gobierno que prohíba las importaciones.

O sea que el mismo gobierno que fija un precio mínimo para la yerba, fija a la vez un precio máximo.

El mismo gobierno que impide que una industria se desarrolle y la condena a pagar salarios de miseria es el mismo que revolea planes sociales que tornan despreciables a los salarios de la yerba.

Y el mismo gobierno que impide que se produzca más prohibiendo que se amplíen las hectáreas plantadas, es el que termina avalando importaciones crecientes de yerba.

La economía argentina es un psiquiátrico a cielo abierto. Tal vez lo mejor sería ver qué hacen con la yerba Brasil y Paraguay, donde la economía no parece estar tan mal del mate.

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