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Cadena 3

La quinta pata del gato

Hasta en cantidad de ricos somos pobres

Argentina tiene un milmillonario cada 9 millones de habitantes. Un tercio que el mundo. Chile, Colombia, Brasil, México, Perú... todos tienen más ricos. Lógico cuando despreciás la riqueza.

07/04/2021 | 10:47

Como ya sabe todo el mundo, la revista Forbes acaba de publicar su nuevo listado de las personas más ricas del mundo. Son 2.755 personas que tienen cada una mil millones de dólares o más. En esa lista hay 5 argentinos.

Es una lágrima. Una miseria.

Significa que que en Argentina hay apenas un milmillonario por cada 9 millones de habitantes. Pero en todo el mundo hay más un milmillonario cada 3 millones de habitantes. O sea que en Argentina debería haber al menos el triple de hiperricos para estar en el promedio mundial.

Y no es cosa de estadounidenses y chinos. En Chile, que tiene menos de la mitad de habitantes que Argentina, hay 8 milmillonarios, contra los 5 argentos. Tendríamos que tener 19 superricos para alcanzar a Chile.

No sólo lo muestra Forbes. Ni es de ahora. Un estudio de Credit Suisse de 2018 mostró que en Argentina había 453 millonarios en dólares (no milmillonarios) por millón de habitantes. ¿Sabés cuántos había en Perú? 1014. Más el doble. Todos los países del estudio tenían más. Brasil, Colombia y México también casi el doble. Chile, siete veces más.

Sin embargo, en Argentina, seguimos pensando que acá hay gente muchísima gente muy muy rica. Igual que creemos que hay empresas grandes. Hace tantas décadas que estamos tan aislados, tan ensimismados, mirándonos interminablemente el pupo, que ya no sabemos muy bien cómo funciona el mundo. Creemos que importar es pecado, que viajar al extranjero es cosa de ricos, que mover dinero de una frontera a otra sólo lo hace el hampa, que venderle algo a Rumania que no sea trigo es un milagro, estamos descolgados.

También lo está nuestra noción de la riqueza. Creemos que el dinero es diabólico. Que el que es rico lo roba. Así que los castigamos. Les clavamos impuestos furtivos y duplicados o triplicados no sobre lo que ganan sino directamente sobre el patrimonio. E incluso los apretamos hasta lograr que se vayan. No es una fantasía: ahí está el caso de Marcos Galperin, que se instaló en Uruguay y ni así ha desactivado los ataques del héroe de los pobres, nuestro Savonarola de cabotaje, Juan Grabois. No nos importa que Galperín cree riqueza, cree empresas y vaya a crear 2.800 empleos en Argentina este año. Mientras las orgas piqueteras que obedecen a Grabois reparten dinero de los impuestos que obtienen sin licitación para mantener sus ejércitos cortadores de calles y sus aparatos políticos.

Preferimos mil veces a los redentores que a los ricos. Como si espantar a los ricos pudiera hacernos menos pobres. Ya ni vale la pena repetirlo, pero todos los países que mencionamos tienen un producto bruto per cápita mucho mayor que el de Argentina. Y en ninguno de esos países hay un Estado dedicado a fabricar inflación y, por ende, pobreza.

Pero a nosotros no nos entran balas. Y seguimos nuestra marcha triunfal a la pobreza, despreciando a la riqueza. Entonces, claro, no puede sorprender el resultado. Y el resultado es que somos muy pobres: hasta en cantidad de ricos… somos pobres.

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