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Política esquina Economía

Servicio esencial: por qué Internet sí y todo lo demás no

Justicia, seguridad, educación, moneda: son todas cosas que deberíamos volver a declarar de interés público, como los celus y el cable. A ver si así nos ponemos las pilas.

26/08/2020 | 21:35

Ahora que el presidente Alberto Fernández descubrió que para mejorar la vida basta con firmar un decreto que declare a las telecomunicaciones como un servicio esencial de interés público, no deberíamos limitar el uso de semejante hallazgo.

Si vamos a ser felices congelando el precio de Internet, los celulares y la TV paga para empacharnos de series y videítos virales mientras aguanten los cables, las antenas y las fibras ópticas que ya se instalaron (porque nuevas instalaciones no va a haber), sería de tontos no declarar de orden público a muchas otras cosas que funcionan peor que WhatsApp, aunque nos salen mucho más caras.

No a privatizar la Justicia

Los ejemplos son muchísimos. Podríamos empezar por la Justicia. Declaremos de interés público a la Corte Suprema y al Poder Judicial en general, así evitamos la privatización que está en curso para someter a los tribunales a las necesidades privadas de una casta política acusada de corrupción.

La Patria Pedagógica

Lo mismo vale para la educación. Si la declaramos servicio público esencial tal vez el ceterismo -que gobierna las escuelas en su propio beneficio- admita que alguna vez terminen las vacaciones y vuelvan a abrirse las aulas, aunque sea para que los chicos pobres puedan usar allí el servicio de Internet que no tienen en sus casas. 

Si no, la Patria Pedagógica -que vive rasgándose las vestiduras en nombre de la escuela pública- va a seguir prohibiendo hasta ese mínimo servicio público, como acaba de hacer en la Ciudad de Buenos Aires con la excusa de la pandemia.

Los Salieris de Berni

Otro caso: la seguridad. Ahora que las balas pican en las encuestas que se hacen en La Matanza, Quilmes y otros lugares del Conurbano donde empieza y termina el país, son todos Salieris de Sergio Berni. Hasta Alberto Fernández, que viene de jugar un rato en el equipo garantista de Eugenio Zaffaroni para no desentonar con su jefa, evalúa endurecer su discurso. Todo se va a saldar, como siempre, con más plata el presupuesto nacional para meter más patrulleros y policías en el conurbano bonaerense. 

Pero quién te dice: en una de esas la hegemonía nac&pop que controla el discurso en este país desde hace ya un par de décadas descubre que monopolizar la violencia es una función esencial del Estado democrático. Y tal vez se entere de que nada proporciona tanta libertad, igualdad y bienestar como el hecho de no tener que vivir encerrado en un country para que no te surtan a palos por un teléfono. Si ya declaramos de interés público al celu, ¿qué nos cuesta declarar de interés público también a su portador?

Al César lo que es del Banco Central

Vamos por más, como Cristina. También está la moneda, el vapuleado peso. La Casa de la Moneda ya no daba abasto para seguir imprimiendo. Así que se llamó a una licitación internacional. Pero los imprenteros del mundo dijeron que ellos tampoco pueden abastecer en el plazo tan corto que les dio el gobierno y la licitación se cayó.

Si Fernández se aviva y declara como servicio esencial de carácter público a la moneda, capaz que entonces los estatistas argentinos se den cuenta de que, desde que los césares hacían acuñar monedas con el relieve de sus rostros, pocas cosas definen tanto si un Estado es fallido o no como su capacidad de hacer que su moneda se acepte.

Y entonces, así, tal vez sería más fácil sostener las políticas necesarias para que dejemos de tener inflación, cepo y decadencia, por una vez en la vida.

Yo sé lo que algunos ya están pensando: "Che, pero si todos esos servicios y bienes que mencionás ya son públicos". Sí, tienen razón. Pero no digan nada. La casta que gobierna y coloniza el Estado argentino no lo sabe. O al menos actúa como si no lo supiera. Dejemos que declaren todo de interés público, a ver si se entusiasman al menos la mitad de lo que se embalaron con la perspectiva de regalarles Internet gratis a los votantes por un tiempo.



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