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Política esquina Economía

Seis buenas razones para no entrar en default

Una novena moratoria no tiene mucho sentido financiero. Tampoco político, para el albertismo. Cuando hay que liderar: el caso Tsipras.

07/05/2020 | 09:30

En 2015, el primer ministro de Grecia, Alexis Tsipras, que había llegado al puesto luego de voltear con movilizaciones a varios gobiernos que habían intentado acordar un ajuste con la Unión Europea para superar el gigantesco default de hecho de su país, convocó a los griegos a un referendo.

El más demagogo y populista de los políticos europeos de entonces quería que los griegos respondieran si se debía aceptar o no una nueva propuesta de ajuste que le formulaba la “troika” (la Unión Europea, el Banco Central europeo y el FMI) para renegociar la deuda impagable del país.

La alternativa implícita era clara para todos: si ganaba el “no”, implicaba de hecho que Grecia debía salir la Unión Europea.

Basta, Stiglitz

Los mismos economistas que hoy firman solicitadas a favor de que Argentina se mantenga firme en su propuesta a los bonistas, a riesgo de caer en un nuevo default, salieron entonces a pronunciarse por el “No” de los griegos. Joseph Stiglitz y Paul Krugman eran de la partida.

Al principio, Tsipras hizo campaña por el “No”, confiado en encuestas que decían que los griegos votarían por el “Sí”. Pero su intensidad se apagó a medida que las encuestas se daban vuelta y mostraban que los griegos le harían caso y que la “troika” tampoco daría marcha atrás.

Para mala suerte de Tsipras, el 5 de julio ganó el “No”, 6 a 4. Y entonces sucedió algo tremendo. Tsipras desconoció el referendo que él mismo había convocado y el resultado que él mismo había fogoneado. Y apenas siete días después firmó, a todo vapor, un acuerdo con la Unión Europea que implicaba un ajuste mucho más draconiano que el que se había rechazado en el referendo.

Tsipras traidor, pero estadista

Tsipras se recibió de traidor respecto de votantes a los que había engañado diciéndoles que el ajuste sólo era un capricho europeo. Pero también se recibió de estadista: priorizó el interés estratégico de Grecia de no abandonar Europa. Lo que además hubiera sido doblemente estúpido, porque entonces al ajuste hubiera debido ser aún más draconiano.

A veces los líderes tienen que liderar. Los griegos se equivocaron. Y Tsipras decidió -contra ellos y los economistas simpaticones con el Tercer Mundo que ni locos salen de Manhattan- que era mejor ser cola de león en Europa que cola (no cabeza) de ratón fuera de ella.

Alberto y la honestidad del “Ni”

Por suerte, Alberto Fernández es intelectualmente más honesto que Tsipras. Aunque el coro de economistas progres cante canciones parecidas. Tsipras decía un día “no” y el otro “sí”. Fernández casi siempre dice “ni”.

Sin embargo, en estos días hay una disyuntiva parecida a la griega. ¿Argentina va a entrar en su noveno default con la excusa de no hacer las reformas y los ajustes que elude desde hace décadas? ¿De verdad creemos que si este viernes o el 22 de mayo entramos en cesación de pagos nuestro futuro va a ser menos austero?

Hay al menos 7 razones para que Argentina, como Grecia, finalmente doble para el lado de la racionalidad:

1- Porción menor de la deuda

La deuda en juego es menor. Lo que tienen los bonistas son sólo 70 mil millones de los 320 mil millones que debe la Argentina.

El resto de la deuda es con organismos del propio Estado como la Anses y con organismos como el FMI a los que ningún país defaulteó nunca. O está en pesos o en dólares bajo ley argentina y ya está pateada para adelante, sin que pueda dar lugar litigios perdidos.

2- Diferencia arreglable

La diferencia que hay con los bonistas es menor. El economista Juan Luis Bour, por ejemplo, calcula que, según la propuesta argentina, los bonistas podrían vender hoy en 35 dólares cada nuevo bono que reciban en el canje en el que se les promete pagarles 100 dólares al vencer.

Quieren que el gobierno mejore plazos, intereses y/o períodos de gracia para poder venderlos en 45 dólares. No es el fin del mundo dice una mayoría de analistas.

3- Chiquita pero peligrosa

Aunque la deuda con los bonistas es chica respecto del total, es la que importa. Allí se juega la reputación argentina y el riesgo de juicios eternos y carísimos.

Esas dos cosas encarecerían por años el acceso a un capital que la Argentina y sus raquíticas empresas no tienen y van a necesitar para salir de la pandemia y de tantos años de atraso.

4- Un mundo de dinero gratis

Es mejor pactar intereses futuros ahora, cuando el coronavirus ha llevado las tasas al subsuelo profundo, que hacerlo cuando vayan hacia arriba.

5- Riesgo aislacionista

Ir al default pondría a la Argentina en los bordes del mundo, lejos de la amplia mayoría de países civilizados y racionales, definitivamente aislada del Occidente capitalista, democrático y republicano. Entraría en una aventura institucional cuyo final sería oscuro.

6- No comemos vidrio

Encuestas como una que realizó Poliarquía dicen que 60 por ciento de los argentinos creen que hay que evitar el ajuste.

Eso incluye al 53% de los que votaron al kirchnerismo. Somos un desastre fiscal mucho peor que los griegos. Pero no comemos vidrio.

Con todo esto, no tiene ningún sentido que Alberto F. juegue a ser Tsipras el demagogo, a menos que el kirchnerismo radicalizado lo esté empujando al túnel del default para salir en Venezuela. ?El Presidente tiene, en realidad, todos los boletos comprados para ser Tsipras el estadista. Y ni siquiera va a tener que traicionarnos.

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