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Cadena 3

La quinta pata del gato

Para qué me encargan un funeral si saben cómo me pongo

El manicomio a cielo abierto que fue el sepelio expuso la deshonestidad del gobierno. Hacer la Gran Néstor sí o sí. Pero con ineptitud y doble discurso. ¿La culpa? Es de los otros.

27/11/2020 | 10:45

El manicomio a cielo abierto que fue ayer el sepelio de Diego Maradona dejó expuesta la deshonestidad profunda del gobierno.

Ya antes del caos, se advirtió que la Casa Rosada era matemáticamente inviable para que pasara por ahí un millón de personas en 10 horas, sobre todo si esa masa iba a incluir fanáticos y barras bravas. El lugar cantado era un estadio o algo así. Lo hicieron igual. Unos verdaderos ineptos.

¿Por qué hicieron igual algo que estaba cantado que saldría mal? Porque la tentación de hacer la Gran Néstor, de capitalizar la muerte de Maradona con fines propagandísticos, fue mayor. La demagogia pudo más.

Ya cuando el sepelio comenzó quedó expuesto el doble discurso de muchas políticas públicas K. Mientras la cuarentena le rendía en las encuestas Fernández decía que si el dilema era la economía o la vida él elegía la vida. Ahora, de golpe y raje, convocaba al acto que, según sus propios cálculos -un millón de personas- iba a ser el evento más masivo de la historia. Conclusión: el gobierno tiró un año de clases a la basura o dejó que quebraran miles de empresas por mero oportunismo.

A las cinco de la tarde quedó claro que algunos ministros son pusilánimes y ventajeros. Fue cuando el ministro del Interior, Wado de Pedro, acusó al gobierno de Rodríguez Larreta de reprimir. De Pedro no sirve ni para simular. Porque al ratito se supo que la Policía de la Ciudad actuaba bajo un comando coordinado por la Policía Federal, que responde al Presidente. Y adentro de la Casa Rosada ya usurpada, los que tiraban gases eran la Federal, la Gendarmería y Casa Militar.

Ya perdidos, recordaron que la familia de Maradona había elegido la Rosada para el sepelio. Como si la Presidencia fuera una empresa a la que se le pueden encargar velorios. Es que también les faltan escrúpulos. La culpa es de los otros.

Roto el falsómetro, se supo que el propio Alberto tomó un megáfono para calmar a las fieras que él mismo había sacado de las jaulas. Eso sí: a esa altura las imágenes oficiales que venía transmitiendo la Casa Rosada para que los canales tomaran la señal y distribuyeran la Gran Néstor, se cortaron.

Porque les sobra hipocresía. Se la pasan alabando la transgresión espontánea, hacen apología de la “rebelión popular”, pero sólo si la administran ellos contra otros. A la hora de los bifes, que todos viéramos cómo se dejaban tomar la Casa Rosada, como unos tontos, les daba vergüencita.

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