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Cadena 3

Medidas económicas

La hora de la verdad para la alianza de Fernández

Kicillof complica un arreglo de la deuda. La paritaria nacional docente obliga a hacer equilibrio entre el planeta Baradel y los gobernadores. La CGT, con menos ganas de bancar el ajuste.

01/02/2020 | 17:17

A medida que pasan los días sin que quede claro el rumbo del gobierno, la alianza que llevó al poder a Alberto Fernández comienza a mostrar tensiones crecientes.

Casi como un símbolo, un par de diputados oficialistas se retobaron el miércoles y se negaron a sancionar la ley que le garantiza a Martín Guzmán no ir preso por negociar la deuda externa. Esos dos votos en contra, sumados a algunas ausencias, hicieron que, al final, el gobierno terminara necesitando votos opositores para sancionar la ley. Sin ellos, la norma se caía.

Pero las tensiones comienzan a verse en otros planos más comprometedores. Uno es el de la Provincia de Buenos Aires, hoy vence el plazo para que los bonistas acepten la decisión del gobernador Axel Kicillof de pagarles recién en mayo los 250 millones de dólares que debían cobrar esta semana. Si no aceptan, Kicillof tiene hasta el miércoles para juntar la plata o para entrar en default. Esto último va a complicar seriamente la negociación de Guzmán con los acreedores del país. Es evidente que Kicillof se cortó solo. Para la Rosada, la estocada vino desde la provincia que es el cuartel central del kirchnerismo, un lugar inesperado.

También hay tensiones con otra pata clave de la alianza gobernante: los sindicatos. Ayer, el relanzamiento de la paritaria docente nacional exhibió que Fernández está forzado a ir por el medio. Si les da a los gremios la montaña de dinero que estos quieren, va a complicar mucho a sus otros aliados clave, los gobernadores, que son los que tienen que pagar los sueldos. Las caras que se vieron ayer lo decían todo.

Por el lado de la CGT las cosas tampoco son fáciles. Ayer, la central dejó claro que no va a ser el instrumento para lograr que los sindicatos asuman perder ante la inflación aceptando sumas fijas, como quería el gobierno. La mesa chica de la CGT definió que no hará nada por evitar que cada gremio negocie paritarias en base a porcentajes de inflación pasada y esperada. Exactamente lo contrario de lo que necesita el gobierno. Sin una oposición actuando como tal, Fernández está empezando a encontrar algunos obstáculos dentro del propio oficialismo.

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