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Cadena 3

La quinta pata del gato

La cuarentena descosida, en su fase rebelde

Hubo muchas cuarentenas: la malvinera, la inflexible, la destructora de economías. Ahora, comerciantes, intendentes y gobernadores van por la restricción según la cara del cliente.

14/10/2020 | 13:54

Tal vez por ser una de las más largas del mundo, la cuarentena argentina se ha ido transformando, adquiriendo muchas caras.

Primero que nada fue malvinera. Cerramos todo apenas pudimos con entusiasmo antes de que el principito de los virus llegara al sur. Después fue inflexible: se aplicó durante meses en el interior con la misma intensidad que en el Gran Buenos Aires, aunque el bicho ni siquiera había llegado a muchísimos lugares. La cuarentena fue demoledora: en esos pimeros meses destruyó la economía y se comió todos los recursos del Estado. Hoy, cuando el virus campea por muchos lugares del país, estamos exhaustos.

Entonces llegamos a esta fase rebelde de la cuarentena. Una cuarentena a la carte, que hoy cada gobernador y, aún más, cada intendente intenta aplicar como puede, tironeado entre los decretos que se escriben en la Casa Rosada, las resoluciones de los COE de cada lugar y cada pueblo o ciudad, con sus vecinos partidos al medio. Algunos, arrasados por el miedo al virus. Otros, arrasados por la miseria y la pérdida del patrimonio.

Lo vemos en Córdoba, con muchos intendentes de Cambiemos, que se niegan a seguir empotrando al comercio. Por ejemplo, el intendente de Agua de Oro, Orlando Belli. Allí seguirán abiertos bares y restaurantes. Al menos hasta que la Provincia dé precisiones hoy sobre subsidios a los comercios. O como el intendente de Mendiolaza, Daniel Salibi, que espera que Alberto Fernández modifique el último decreto de cuarentena para flexibilizarlo y permitir a los intendentes, que tienen que poner la cara frente a los vecinos, un mayor margen de decisión. Y esos son lujos que se pueden permitir los intendentes que no son del palo. Los oficialistas están callados porque les cabe la obediencia debida. Pero están al borde de la rebelión, como sucede en Córdoba capital con los gimnasios, los bares y los restaurantes. O con media población que se resiste a no festejar con sus madres este domingo. ¿Quién los va parar?

A nivel nacional, igual. El gobernador de Mendoza, Rodolfo Suárez, se declaró prácticamente en rebeldía hasta que ayer negoció en la Rosada una interpretación laxa del decreto junto a partidas presupuestarias de auxilio al menos parecidas a las fortunas que la Nación baldeó sobre el conurbano del kirchnerismo cuando la cuarentena fogoneó la emisión de pesos a tontas y locas.

Hasta cambia insólitamente de fundamento y sentido. Nos dijeron que la cuarentena era una técnica sanitaria, que iba a servir para ganar tiempo para prevenir un colapso del sistema de salud ante una pandemia mundial histórica. Pero ayer Alberto Fernández, enojado con la manifestación del lunes, le dijo a Macri que la cuarentena sirvió “para ordenar la Argentina después del desastre que dejaste”. Como si la cuarentena fuera el plan general de su presidencia que Fernández todavía no ha mostrado.

En fin, la cuarentena se va descosiendo y ya da para cualquier cosa. Cambia de forma cada vez más rápido y según el pueblo y la cara del cliente.

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