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Cadena 3

Política esquina Economía

La botonera no funciona y lo peor es que se nota

Cinco días con dólar invisible e incertidumbre en alza. Seguimos sin contar bien las muertes. Los sindicatos ceterizados dicen si el virus admite clases o no. Total normalidad.

22/09/2020 | 12:15

Parecemos estar en la cúspide de la crisis. Hay pico de muertos por la pandemia. El cepo cambiario llegó al pico. La puja política está en niveles pico.

Y en medio de esta crisis el gobierno está teniendo grandes problemas para hacer que funcione el tablero de comando. Es más: nada parece funcionar bien.

El cepo, por ejemplo, no funciona. Hace cuatro días que no se puede operar con divisas ni siquiera cumpliendo los criterios que impuso el propio gobierno. Es insólito y grave, porque el gobierno ni siquiera ha dado una explicación oficial ni ha hablado de soluciones. La Anses puede asegurar cuándo una persona tiene prohibido comprar dólares, pero no puede asegurarles a los bancos cuándo una persona sí está autorizada a comprar. La Afip no dice nada.

El Banco Central no se dignó dar un comunicado público cuando hay gente que dice que tampoco logra transferir dólares de una cuenta a otra, que no involucra la compra de dólares oficiales.

Es más: no sabemos si tenemos Banco Central. El fin de semana, su presidente, Miguel Pesce, le dijo a Perfil que la tarea de bajar la inflación le corresponde al Ministerio de la Procucción y no al Central. Es un caso insólito mundial. Eso tampoco funciona.

El misterio de las muertes

No funcionan las estadísticas sanitarias. Luego de seis meses de cuarentena y preparación. Ayer se informaron 429 muertos. Un récord. Pero resulta que, después de que los periodista especializados evalúan y consultan, se confirma que, por ejemplo, 190 de esas muertes ocurrieron en julio. Hace dos meses. O sea que, tal vez, el récord de muertes ya ocurrió antes. O puede estar por ocurrir si es que se sigue demorando el conteo de muertes que están sucediendo ahora. Nadie lo sabe. El economista Lucas Llach estimó que, con esos niveles de rezagos, entonces los muertos hoy podrían rondar los 20 mil, no los 13 mil que se informan. El gobierno de científicos administra un desierto estadístico.

Ministerios dados en concesión

No funciona tampoco la gestión administrativa ni la autoridad política en el manejo del Estado. Todo indica que, ayer, aparentemente, los ministerios de Educación de la Ciudad de Buenos Aires y de la Nación habían acordado que 6.500 chicos de esa ciudad que no tienen internet pudieran volver a clases en los patios de las escuelas, a razón de apenas 15 alumnos por escuela para evitar contagios. Pero luego de que los sindicatos docentes controlados por el kirchnerismo, como Ctera, lo rechazaran y acusaran al gobierno de Horacio Rodríguez Larreta de querer abrir las escuelas por presiones empresariales y de querer contagiar a los chicos, el ministro nacional, Nicolás Trotta, salió a decir que no había acuerdo.

Se ve que los defensores de la igualdad de oportunidades para los chicos prefieren seguir de vacaciones y tienen el control del sistema de enseñanza. Mientras, el ala kirchnerista del gobierno le exige a Alberto Fernández apurar la ofensiva contra Rodríguez Larreta. Todo tiene que ver con todo, como dijo alguna vez Cristina Fernández.

La carta Guzmán

La sucesión de medidas que no se cumplen, mecanismos que no funcionan, organismos que renuncian a su tarea o que dejan que se la copen otros está liquidando la imagen presidencial y la credibilidad en el gobierno. Justo cuando más necesario sería contar con una administración serena, capaz de señalar un rumbo y hacer que los marineros hagan lo que tienen que hacer.

En la gestión de la economía, sobre todo, eso es crucial. El último ministro de Economía, Hernán Lacunza, reconocido por todo el mundo por su moderación y su voluntad de tender puentes, perdió la chancleta ayer y lo dijo del modo más crudo: “Si no hay un plan creíble el dólar va a ser un barrilete”.

Su sucesor, Martín Guzmán, no parece ayudar mucho. Ayer, en un tuit dijo que el proyecto de presupuesto enviado al Congreso tiene una clave: “Un Estado que impulse la demanda”. En el tuit siguiente dijo que el presupuesto también tiene otra clave: “la sustentabilidad fiscal y que el fisco deje de depender” de la emisión del Banco Central. Eso es contradictorio. Lo primero quiere decir que el Estado debe gastar. Lo segundo, que tiene que ahorrar.

Hoy a la tarde Guzmán va a defender el presupuesto frente a los diputados. El gobierno tiene grandes expectativas de que el discurso del ministro consiga calmar las aguas que en los últimos días hundieron los bonos y las acciones de empresas, activaron los nervios el dólar y dispararon el riesgo país. Ojalá lo logre. Porque si el gobierno no reconstruye la credibilidad de su palabra, la confianza de que sigue teniendo el control de la botonera estatal, a las consecuencias las vamos a sufrir todos.

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