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Cadena 3

Política esquina Economía

El fervor revolucionario en un mundo en crisis

Argentina, bajo un gobierno con todo el poder. Controlado por una facción que desprecia la democracia capitalista. Y con un default en frente.

23/04/2020 | 10:54

La alianza gobernante que hegemoniza el kirchnerismo tiene mayoría abrumadora en el Senado, mayoría propia con sus socios en Diputados, los gobernadores de 19 de los 24 distritos del país y, por supuesto, la Presidencia, que además legisla por DNU gracias a la pandemia y por decreto por amplias facultades que le delegó el Congreso. Encima, nombró a todos los que están primeros en la fila para reemplazar a jueces y fiscales purgados con una reforma jubilatoria.

Los elefantes y la hormiga

Sin embargo, no les resulta suficiente. Lo dejó claro un episodio protagonizado por Graciana Peñafort, defensora legal de Amado Boudou y asesora jurídica principal en el Senado de la jefa de todo el aparato, Cristina Fernández. Ayer, Peñafort, frustrada porque algo no salió según quiere su líder, nos amenazó a quienes le pagamos el sueldo: “Los argentinos -dijo, se ve que todos los que no pensamos como ella somos cipayos o extranjeros- vamos a escribir la historia con sangre o con razones, porque la vamos a escribir igual”.

¿Por qué estaba tan sacada esta funcionaria como para mentar la “sangre” en un país como el nuestro? Porque tiene en carpeta una cuestión -mínima- que tal vez no salga como ella y CFK desean. Y aún las frustraciones mínimas son insoportables para los mandamases y sus adulones.

Peñafort y CFK exigen que la Corte Suprema haga una declaración previa autorizando al Senado a sesionar vía remota para que ningún David ose ir luego a la Justicia para cuestionar cualquier ley que Goliat sancione con el método que elija el Senado.

La Corte nada dijo aún. Pero CFK y su mano derecha ya están crispadísimas porque el procurador General de la Nación -Eduardo Casal, un jefe de fiscales interino que el kirchnerismo puede desplazar con un meñique- dijo lo obvio: el Senado no tiene por qué pedir permiso porque es autónomo. En todo caso, la Corte, como con cualquier cosa que hacen el Congreso o el Ejecutivo, podrá revisar la constitucionalidad de los actos del Senado, luego de que se produzcan, si alguien se lo pide.

La manada de elefantes acusa a una hormiga de cortarle la calle. Y la amenaza con que va a correr sangre. Suficiente con Peñafort. No da para más.

Un gestito de idea

Sin embargo, su gesto no es aislado. La concentración de poder sin precedentes en el kirchnerismo mandante hace juego con otras imágenes de estos días. También menores en algunos casos.

Por ejemplo, el minué de los médicos cubanos. A través de Axel Kicillof la Argentina se va a dejar usar con gusto para que la autocracia cubana saque a pasear ¡otra vez! su diplomacia médica. No son mucho más que acciones de propaganda. Para colaborar con el Covid-19 Cuba tenía al 10 de abril 593 personas (179 de ellas médicos) en 15 países, pagos por la nación que los recibe. Son casi 40 por país (12 médicos). Obviamente, generan mucho más horas de alabanzas en las redes y los medios que la cantidad de personas que auxilian.

En Argentina el kirchnerismo quiere traer a 200 cubanos, con venia especial para no exigirles cuarentena ni título. Al mismo tiempo, impide el regreso de argentinos varados afuera, que se dedican a la actividad sanitaria y que deberían hacer cuarentena al entrar. Si vienen los cubanos, que no les pase lo de Andorra: uno llegó enfermo y los 39 miembros de la “brigada” perdieron dos semanas encerrados. Y luego algunos de ellos debieron ser entrenados porque no lo estaban.

La opereta castrista obviamente no apunta a la salud de los bonaerenses. Tampoco a montar la red de espías comunistas sobre la que alertan quienes todavía miran el mundo con los lentes de la Guerra Fría.

Es apenas un gesto para auxiliar al aliado ideológico fundido (Cuba) y regalarle dinero por servicios innecesarios, pese a que la autocracia caribeña jamás devolvió los 1.300 millones de dólares que, hace 47 años, otra Argentina camporista le “prestó” a Fidel Castro para pagarle el entrenamiento y financiamiento previo de guerrilleros argentinos.

Una cuestión de identidad

Sin embargo, hay algo más que explica la decisión: dar una señal hacia adentro y hacia afuera del país. El kirchnerismo quiere dejar claro en qué lugar del mapamundi tiene su corazón: no con la democracia y el capitalismo occidentales, sino con populismos extremos como el cubano y el venezolano, que derivan en regímenes antidemocráticos y de monopolio estatal, con retórica de redención y salvoconducto vaticano.

Y eso sí es importante. Esos y otros gestos se dan en un mundo que está mutando a la misma velocidad que el coronavirus. Todos los cimientos tiemblan.

El más importante: la China reluciente, el más antiguo de los imperios, desplaza día a día a Estados Unidos, una potencia cansada en manos del presidente más aislacionista en décadas.

Prefieren un capitalismo totalitario

Un capitalismo totalitario que todavía desconocemos está sustituyendo a las democracias capitalistas en su vertientes europea y estadounidense.

El proceso no es nuevo. El reciente enojo de Donald Trump con la Organización Mundial de la Salud que Estados Unidos financia pero que juega para China expresa una impotencia estadounidense que viene de antes (dicho sea de paso: Argentina rápidamente salió a respaldar a la OMS y a China).

Numerosos estudios muestran cómo la arquitectura multilateral construida por Occidente tras la Segunda Guerra (el Fondo Monetario, el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio, la misma OMS, la Unesco, Interpol y muchos organismos más) han sido copados por funcionarios chinos luego de dos décadas de paciente diplomacia bilateral con países chicos que también votan en esos entes.

Es lógico. Quien gobierna casi el 20% de la población mundial tarde o temprano va protagonizar la historia. Y máxime si se ha transformado en una potencia tecnológica que no debe pagar los pesados costos de la democracia y de las garantías y libertades individuales.

Al menos googleen un poco

La Argentina no se asoma a este mundo en terremoto constante como cualquier otro país. Lo hace con el poder hiperconcentrado en un partido de gobierno que no tiene problemas para obtener mayorías electorales. Ese partido está ideológicamente liderado por una facción que odia a un “imperialismo” al que desde hace más o menos 90 años Argentina culpa por sus grandilocuencias frustradas.

Frutilla del postre: todo sucede en las puertas del décimo default de la Argentina, ocasión ideal para que el partido concentrador patee la mesa usando a los “buitres” como chivo expiatorio para las décadas que los argentinos nos pasamos sin ahorrar, sin invertir y -en una proporción inusitada- sin trabajar de verdad.

Ese es el escenario. Quienes miran con desconfianza a China, Cuba y los demás totalitarismos y autoritarismos del planeta no deben esperar a que las Peñafort y los Kicillof los convoquen para consensuar cómo se va a insertar Argentina en el mundo. Ni cómo ese alineamiento va a modificar el orden institucional, social y político en el país.

Si pueden -si sus opositores internos del Frente de Todos y sus opositores externos de los demás partidos no hacen nada- van a decidir ellos. Solos.

Ojalá reflexionen y, antes de decidir, averigüen si los multimillonarios chinos pagan el Impuesto Patria que ellos impulsan aquí y si los piqueteros chinos consiguen emputecer la vida de los que trabajan sin consecuencias. Y que pregunten si en Cuba, adonde los médicos sobran, la población tiene jabón en abundancia para lavarse las manos o logra eludir los amontonamientos para conseguir algún alimento, en medio de la pandemia.

Ojalá, antes de decidir por todos nosotros, googleen un rato. Con un poco de honestidad intelectual.

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