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Cadena 3

Cambio de fondo

El aborto es legal y Bergoglio no disparó ni una cebita

Al intento de Macri lo había asociado a los nazis. Ahora casi ni se refirió en público al tema. Al final, es como había dicho su íntimo, el diputado K Valdés: "Tampoco es para morirse".

30/12/2020 | 13:27

El aborto ya es legal en el país. Y el tradicional temor reverencial de la política argentina al castigo de la religión católica, nunca apareció. Al menos a nivel público, el papa Jorge Bergoglio dejó hacer sin disparar ni una cebita.

Desde que Alberto Fernández cambió de idea y decidió que se podía impulsar el aborto pese a la pandemia, el Papa ni siquiera mencionó la palabra “Argentina” en sus declaraciones. Ni se refirió públicamente al debate, con la explicación de que hubiera sido una injerencia en asuntos internos. No fue igual en el caso Venezuela durante su propio papado. Y basta recordar la acción de Juan Pablo II en Polonia en los 80 para recordar cómo era capaz de intervenir el Vaticano. 

Bergoglio tuvo apenas alusiones veladas en comunicaciones privadas que las terminales locales de la Iglesia trataban de mostrar como incitaciones a la resistencia. A un grupo de mujeres de una villa les dijo que hacer un aborto era igual a “alquilar un sicario para resolver un problema”. Lo mismo que les había escrito antes a unos exalumnos santafesinos.

Anteanoche, cuando el partido ya estaba liquidado, tuiteó: “El Hijo de Dios nació descartado para decirnos que toda persona descartada es un hijo de Dios”. Y luego de la sanción de la ley apeló a una retórica religiosa que tal vez ya sea una anacronía a la hora de jugar políticamente: “Vivir es ante todo haber recibido la vida. Todos nacemos porque alguien ha deseado para nosotros la vida”.

Por lo demás, hubo algunas amables “marchas celestes”, la mayor de ellas el 29 de noviembre. No mucho más.

Hay diferencia con la actitud que el mismo Papa tuvo en 2018, cuando Macri habilitó el debate, pese a que aquella ley no salió: Bergoglio dijo que el aborto era igual a la eugenesia de los nazis, pero con guantes blancos. O sostuvo que derogar una ley de medios, cosa que había hecho Macri, era iniciar una dictadura.

En cambio, a Fernández, que ya en campaña había dicho que impulsaría el aborto, lo ayudó, apenas asumió, a tejer una relación con la cúpula del FMI. Tal vez pensando que así podría frenar la legalización del aborto. Si fue así, fracasó.

Hoy parece cumplirse por completo el pronóstico que había hecho hace un año el diputado Eduardo Valdés, antiabortista fervoroso hasta que asumió Alberto e íntimo de Bergoglio: “Francisco va a entender y a interpretar por cómo marcha el mundo. Nunca va a decir que está de acuerdo. Tampoco es para morirse”.

Habrá que ver cuántos de los católicos argentinos piensan como Valdés y cuántos le van a pasar factura al vicario de dios en la Tierra.

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