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Cadena 3

Primarias de Agosto

Dos milagros para una elección

En medio de un ajuste que siempre volteó gobiernos, Macri busca la reelección. Y con chances. A esta altura, la elección debería ser pan comido para Cristina. Insólitamente, no lo es.  

24/07/2019 | 10:57

A tres semanas de las elecciones Paso, asistimos a dos verdaderos milagros. En efecto, es un milagro que Mauricio Macri esté dando pelea con chances de ser reelegido si logra llegar al balotaje. Y es un milagro que el kirchnerismo no sea ya el ganador: los comicios se celebrarán en medio de un ajuste tal que serían un plato servido en la mesa para cualquier otra oposición.

Nunca en la historia de la democracia argentina un presidente buscó su reelección embarcado en un ajuste como el actual. 

El apretón es multidimensional. El Estado gasta más. En el primer semestre del año el gasto público total aumentó 34% interanual, 20 puntos menos que la inflación interanual. Pero cobra más impuestos: 48% más interanual. No le queda otra a Macri. Es la única forma de transformar el déficit fiscal (que heredó y que no redujo al principio) en un superávit fiscal. 

Pero Macri no sólo tiene que seducir a electores a los que bolsiquea como contribuyentes. También tiene que dar vuelta una economía entera que vivía de dólares prestados y tiene que transformarla en generadora de dólares. Y, como sea, lo viene logrando también. Hay 9.000 millones de dólares de diferencia entre los primeros 5 meses de 2018 -cuando Argentina importó por 4.500 millones más de los que exportó- y los primeros 5 meses de 2019, cuando ese saldo negativo se transformó en positivo -al revés, se exportó por 4.500 millones más de los que se importaron.

Gato panza arriba

Para poder hacer esto, el dólar tiene que ser caro. Pero si es caro el dólar toca el nervio inflacionario. Entonces tiene que ser caro pero imponiéndole a la economía unas tasas de interés draconianas, un apretón financiero que se lleva puestas hasta empresas que son perfectamente viables, excepto si habían tomado créditos para invertir.

Las que quedan en pie ven un banco y lloran.

Salir de la estanflación así es lento, en el mejor de los casos. Y aquí hay que taclear al mismo tiempo la inflación y la recesión en medio de un proceso electoral larguísimo. 

Los únicos ajustes tan fuertes, prolongados y desarrollados en todos los frentes que hubo en el país se hicieron en medio del caos de gobiernos que ya se habían caído por esquivar estos procesos o por intentar hacerlos. Macri no sólo no se cayó. Busca ser reelegido. Y milagrosamente, las encuestas lo muestran como gato panza arriba, con alguna chance de lograrlo.

¿Quién es de verdad Alberto?

Del otro lado de la cancha está el kirchnerismo que, en semejante escenario, debería estar ya haciendo el inventario de los ministerios para hacerse cargo de todo de nuevo a partir del 10 de diciembre.

Sin embargo, no. Está embretado en numerosos problemas: 

1- Su candidato nunca tuvo votos. Es sólo un operador ungido por el dedo de su vicepresidenta. 

2- La fórmula tiene un drama identitario. Alberto Fernández se pasó 10 años cuestionando incluso penalmente a Cristina Fernández. No logra explicar algo fundamental: si nunca estuvo de acuerdo con manipular el Indec, con atacar a la prensa, con colonizar la Justicia, con pactar impunidad con Irán, con fijar un cepo cambiario, con transformar el superávit fiscal en déficit, con ahogar la producción agrícola y energética, ¿qué hace secundado por una expresidenta que sigue estando orgullosa de todo eso?

3- La fórmula contiene el pecado más imperdonable de la política: es imposible saber quién de sus dos integrantes tendrá el poder para hacer cosas tan disímiles como las que reivindica Cristina la Crispadora y las que dice desear Alberto el Moderado (que encima pierde toda moderación cuando se frustra en las entrevistas en las que no logra convencer a nadie de dejar atrás los puntos 2 y 3 y pasar a otro tema, como le sucedió con Mario Pereyra en Cadena 3).

4- La fórmula sólo logra captar indecisos y peronistas más allá del círculo de los fanáticos cuando a Cristina Fernández la encierran en el altillo. Pero la expresidenta no puede estar para siempre allí. Y de vez en cuando debe salir. Y cada vez que sale se las ingenia para mostrar que Ex Ella es Siempre Ella. Del desprecio por las pindongas a las chicanas medievales a María Eugenia Vidal por ser divorciada, todo le sale mal. Nunca quiere decir lo que parece que quiso decir. Ha perdido su brújula de la ironía.

5- La quinta nube que llueve sobre los Fernández-Fernández es la judicial. Llueve doble. Primero, tienen que explicar cómo fue que durante 12 años se cobraron las coimas confesadas por empresarios y funcionarios y cómo fue que Cristina Fernández no sabía de un sistema tan aceitado. Segundo, tienen que convencer a los electores de que quieren la Presidencia sólo para el bien del país y no para garantizar la impunidad en el primer destape de corrupción que tiene lugar en un país donde la corrupción estructural es más vieja que la injusticia.

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