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Cadena 3

Reclamo

De apropiarse de los aplausos a ligar un cacerolazo

El gobierno pasó de convocar a todos a un esfuerzo a exhibir una mezcla de paternalismo, soberbia y... ¿el germen de una nueva crispación?

31/03/2020 | 16:34

El cacerolazo de anoche estuvo lejos de ser apoteótico. Se escuchó básicamente en zonas de la Capital Federal y de Córdoba capital. Pero, en general, si uno fuera asesor de Alberto Fernández le recomendaría que lo escuche.

El humor social es frágil y mutante frente a una situación difícil y a un estilo de gobierno que ha venido cambiando.

Al principio, el Presidente convocó a un esfuerzo compartido para afrontar la pandemia. Un remedio amargo -confinarse sin saber por cuánto tiempo- pero inevitable. Fernández se mostró con la oposición y con los diversos sectores sociales.

Pero esa amplitud comenzó a mutar en los primeros días, cuando la frivolidad de los que tienen un ingreso garantizado confundía todavía la cuarentena con vacaciones. Un día apareció Daniel Filmus intentando apropiarse de los aplausos de las 21 horas. Dijo que eran un aplauso para “las políticas de Alberto”.

Mientras, el Presidente iba adoptando un discurso cada vez más paternalista, edulcorado y demagógico que lo aleja de Churchill y lo acerca al caudillo providencial. A muchos les encanta. Pero a muchos otros les genera tirria, qué vas a hacerle.

Luego el gobierno derivó en el negacionismo del sacrificio inviable que el sector público le impuso al privado. Ignoró las advertencias de que parar la economía con la profundidad y la extensión con que lo hizo Argentina (más que cualquier otro país) iba a sacudir las tambaleantes estanterías del país, donde para millones de personas que no viven del Estado iba a ser imposible seguir seguir pagando impuestos, sus propios salarios y el de sus empleados si los tuvieran, como si no pasara nada.

Ese día llega ahora, fin de mes.

Y entonces ahora, finalmente, Alberto Fernández, mostró uno de los gestos que muchos argentinos deploran en un gobernante: la soberbia. Cuando calificó de “miserables” a empresarios que no pueden pagar sueldos porque se les ha prohibido trabajar muchos vieron ahí el germen de una nueva crispación, ese clima escriturado por Cristina Fernández que nadie quiere de nuevo.

El gobierno empezó intentando apropiarse de los aplausos. Y apenas una semana después le propinaron un módico cacerolazo. Ojalá lo haya escuchado.

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