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Cadena 3

Democracia en la pandemia

Alberto, papá de todos y todas

Fernández nos dice todo el tiempo que nos quiere cuidar y cantarnos una canción. Eso sí: es un papá que a veces se enoja. Y a nadie le parece un abuso.

11/05/2020 | 14:47

Alberto Fernández está demostrando que es un gran comunicador. Al menos para la sociedad argentina, que a veces parece infantilizada, deseosa de un papá que la mantenga para siempre, aunque eso sea a cambio de obediencia.

Cada vez nos parecemos menos a una sociedad de individuos y más a una comunidad de parientes. No parecen regirnos leyes, sino órdenes basadas en la excusa de la urgencia. El gobierno no gobierna, manda. Nos encanta el paternalismo que se va afianzando.

No es sólo una humorada que el columnista Alejandro Borensztein, lo haya bautizado Tío Alberto al presidente. Todos estamos en ese juego. En el simulacro de aldea idílica que propone el populismo vaticanista no hacen falta los apellidos. Máximo, Axel, Sergio, por supuesto Cristina, no necesitan más presentación. Incluso hay lugar ahí para los opositores que no se opongan tanto: Horacio es Rodríguez Larreta. Es un país que se achica al tamaño del barrio, por supuesto un barrio del Gran Buenos Aires.

Un mundo de fantasía donde no hay por qué discutir. Estamos todos tan mimosos en esta idealizada tribu jesuita sin conflictos, que en la conferencia del viernes último el Presidente le dijo simplemente “Nico” a Nicolás Trotta, y a uno le da la impresión de que Trotta es el Sobrino de Educación, más que el ministro del área.

Fernández no pierde la oportunidad de decirnos, que él nos quiere cuidar, y que el Estado nos va a salvar. Y te da la sensación de que esta noche nos va a cantar otra canción con su guitarra después de mirar la app y ver por dónde anduvimos, pícaros. O de que va a pasar casa por casa a ver si estamos todos bien tapaditos, mientras nos deja billetes recién impresos en la mesita de luz para que vayamos a la panadería mañana. Si tenemos DNI par.

Eso sí. Como todo jefe de una gran familia, Alberto es cariñoso pero severo a la vez. Y no hay que hacerlo enojar.

Si no, pasa lo que sucedió también en la conferencia del viernes, cuando dio por cancelada toda discusión sobre la apertura de la cuarentena. “No mientan más, me cansan las mentiras”, dijo.

O sea, cualquiera que tenga una mirada distinta a la de él en un tema tan complejo como la relación entre la cuarentena, la salud y la economía, miente. Esos cualquieras son todos, innominados. Todos mienten. Y deben dejar de mentir porque al señor lo cansan las mentiras. 

¿Quién se cree que es?

En cualquier sociedad democrática y pluralista, regulada por leyes y no por órdenes, esto parecería un abuso. Molestaría que alguien se tome la atribución de decidir quiénes mienten y quiénes no. 

Pero esto es Argentina, es una gran familia, conducida por un jefe bondadoso que sabe qué es bueno para sus sobrinos y nietas, mucho mejor de lo que lo saben ellos mismos.

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