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Cadena 3

La quinta pata del gato

Trump-Biden: detrás del traspaso, el tema es China

Si el Partido Republicano se parte en dos, se acaban casi 150 años de bipartidismo. EE.UU. deberá descubrir otro modo de mantener su estabilidad, justo con China en frente.

20/01/2021 | 11:12

Paria. Esa es una de las palabras que eligió hoy The New York Times para describir cómo se va Donald Trump de la Casa Blanca. Como un paria. Trump no lo ve así: hoy dijo: “El movimiento que pusimos en marcha recién está empezando”.

Puede ser nada más que su última bravuconada, su exabrupo final. Pero puede que no.

Y por eso es que este trasapaso de mando tiene tanta importancia. Porque lo que está sucediendo en Estados Unidos es mucho más que un traspaso de mando.

Trump es el emergente de una crisis más profunda en Estados Unidos. Pese a su desprestigio, Trump retiene el apoyo de buena parte de los votantes republicanos, que están resentidos con la suerte que les tocó en las últimas décadas. Eso divide en dos al Partido Republicano entre trumpistas y antitrumpistas, un partido que ha terminado alojando adentro suyo a los mayores partidarios del establishment tradicional y también a los mayores partidarios de destronar a ese establishment. Nadie sabe si el Partido Republicano logrará contener a esas dos facciones o si se partirá en dos.

Si los republicanos se parten, entonces lo que entrará en peligro es el bipartidismo de Estados Unidos, que es la forma en que ese país procesa el poder político desde hace casi 150 años. Siempre hubo dos partidos: demócratas y republicanos. Es la base de su tremenda estabilidad y fortaleza.

Encima, el partido demócrata también está agrietado entre sus centristas parecidos a los republicanos moderados y sus progres populistas parecidos a los españoles de Podemos.

Esta cuestión es la crucial. Porque es posible que lo que esté cambiando sea la lógica política misma que llevó a ese país a ser la mayor potencia de la Tierra. Y eso sucede justo cuando Estados Unidos disputa con China quiénes y cómo manejarán una nueva hegemonía mundial.

¿Vamos a vivir en un mundo dominado por China? ¿O en un mundo donde Estados Unidos podrá, junto a Europa, seguir apuntalando la cultura democrática occidental de la que nosotros somos parte? Esa es una de las incertidumbres de fondo. Y la respuesta aún no la conocemos. Por eso todos miramos con tanta atención lo que sucede en el cansado imperio occidental dentro del cual hemos vivido hasta ahora. Porque se define si Estados Unidos tendrá la fortaleza suficiente para esa puja con el capitalismo de partido único de China o si, al contrario, quedará tan inmerso en su propia inestabilidad política que no podrá poner ni las manos frente al avance relámpago de Beijing para dominar el mundo.

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