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Alimentos

Momento brillante del campo… en Brasil

Cosecha récord, sin retenciones, sin cepo, con crédito, con dólar en alza y sin inflación. La agroindustria se prepara a sacarle una vuelta más a la Argentina.

29/11/2019 | 13:31

Brasil se encamina a una cosecha histórica. Y las condiciones financieras y comerciales en las que va a tener lugar contrastan con las expectativas del campo argentino. Menos mal que los campos no tienen rueditas, si no, estarían todos haciendo cola en Paso de los Libres.

Por ejemplo: sólo en maíz Brasil espera cosechar este año 101 millones de toneladas. Eso es nada menos que un 25% más que el año anterior. Es el doble del maíz que se cosechó en Argentina este año, que fue un récord.

Con los demás cultivos pueden encontrarse igualmente asombrosos. Por ejemplo, que según las mediciones de algunos organismos, Brasil ya superó a Estados Unidos como primer productor mundial de soja.

Ahora, desde el punto de vista de los productores argentinos hay otros datos aún más importantes. Mientras que acá es casi un hecho que se aumentarán las retenciones a las exportaciones, en Brasil esos insólitos impuestos a la exportación no existen. O sea, la facturación total de la cosecha queda en el complejo agroindustrial, no va a financiar a un Estado parasitario o a subsidiar a otros sectores ineficientes.

Por supuesto, tampoco hay cepo. Esto implica que los dólares de las exportaciones no se cambian, como en Argentina, a un dólar oficial que nadie consigue o a un dólar mayorista que vale muchísimo menos que el dólar paralelo. o que el blue.

Al mismo tiempo, el campo, como cualquier otro sector de la economía brasileña, tiene crédito. Primero, porque Brasil no es un defaulteador serial. El último default fue en 1990. Segundo, porque la tasa de interés testigo en Brasil es de 6,5%, la misma tasa que aquí es del 65%.

Por si fuera poco, el real se devalúa en relación al dólar, pero sin que haya casi inflación. Esto quiere decir que el campo obtiene por los dólares de sus exportaciones una mayor cantidad de reales, pero que no están perdiendo su poder de compra interno, como sucede con el peso argentino. Eso permite desde invertir más para sacar más granos por hectárea todavía hasta pagar mejores salarios.

Por eso no sorprende que Brasil ya sea el segundo mayor proveedor de proteínas de todo tipo en el mundo. Desde hace años, nadie le quita a la agroindustria sus ganancias. Y la agroindustria puede reinvertir ese capital sin temor a controles de precios, confiscaciones o estampidas impositivas. Eso es querer transformarse en supermercado del mundo. No es ningún secreto. En Brasil.

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