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Cadena 3

Clima de inversión

Revolear los ojos: especialidad del empresario argentino

El teletrabajo podría ser una herramienta poderosa, sobre todo en Argentina. Pero no le sacaremos todo el jugo. No sea cosa que alentemos la inversión privada.

30/07/2020 | 14:37

El Senado se apresta a dar sanción definitiva, esta tarde, a la ley de teletrabajo. Se aprobará ignorando planteos de las empresas. El principal es que si una empresa acuerda con un empleado hacer teletrabajo, éste puede en cualquier momento exigir volver a la presencialidad. No es lo único que cuestionan los privados. Porque en general lo que hace la ley es extender la inflexibilidad prehistórica del régimen laboral, ya una curiosidad en el mundo, al teletrabajo.

Así, pueden terminar abortando una de las pocas esperanzas que tienen las empresas para sobrevivir a la pandemia y al descalabro argentino.

Pero a los políticos argentinos parece que les cuesta dimensionar la crisis que vivimos.

El economista Andrés Borenstein acaba de graficar muy bien esto. Dice que las multinacionales se van del país no por la pandemia, sino porque acá tienen el 10% de sus problemas y sólo el 1% de su facturación. Un estudio de TMF Group acaba de ponernos como el tercer país más complicado para hacer negocios entre los 77 países más grandes.

Este es un país donde hoy no se sabe si el Estado te va a confiscar, te va a subir impuestos, va a defaultear, va violar contratos, si te va a prohibir importar o distribuir tus ganancias. No se sabe si piensa seguir emitiendo por siempre pesos falsos o si va a dejar que un sindicato cerque una fábrica. No se sabe si rige la propiedad privada, ni si la Justicia será imparcial o no para resolver los conflictos. No son inventos: los casos de Vicentin, Latam, Mercado Libre, Edesur son muy concretos.

Pero la política no toma nota de esa incertidumbre extrema, que es mucho peor que la de la pandemia. Ayer, el ministro Matías Kulfas, disertó ante la Cámara de Comercio de Estados Unidos. Un ministro de la Producción en cualquier lugar del mundo lo que dice es “por favor inviertan y ganen plata” y jura que las inversiones van a estar protegidas. Y más todavía si su país está descapitalizado y fundido. En cambio, Kulfas repitió mantras imprecisos tan argentos como que “ni el mercado ni el Estado resuelven todo” o que hay que empezar a discutir “en tonalidades de grises” y no en blanco y negro. Uno puede imaginar a los empresarios que participaron revoleando los ojos.

Porque Kulfas se equivoca. Hay cosas básicas para la actividad privada que sólo se pueden plantear en blanco o negro. Y en Argentina están en duda.

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