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Política esquina Economía

Por qué no "somos lo mismo"

El Presidente anunció obras de saneamiento en Córdoba y arengó a la unidad. Está muy bien. Pero el agua y las cloacas son el peor ejemplo.

20/08/2020 | 09:23

Alberto Fernández anunció ayer aportes de la Nación para concluir una vieja obra en Córdoba capital y aprovechó para tratar de amigarse con un distrito que le resulta esquivo.

En concreto, le confirmó al gobernador Juan Schiaretti que la Nación no pondrá los 3.000 millones de pesos que debía poner para terminar el 25% que le falta a la segunda planta cloacal de la capital provincial sino también los 1.500 millones que debía poner la Provincia. Es decir, el total estará a cargo de la Nación.

Hay que sacarse el sombrero. Semejante gesto es inusual para Córdoba. Schiaretti se lo agradeció.

El presidente lo sabe. Y por eso se embaló. "¡Gringo, somos lo mismo. Los cordobeses son argentinos!”, dijo. Y arengó: “¡Terminemos de una buena vez por todas con esta historia de que Córdoba era una cosa aislada del país!”.

Bueno: tampoco es para exagerar tanto, señor presidente. Tomemos el caso del agua y las cloacas, para ver la escandalosa dimensión de la discriminación contra provincias como Córdoba.

La decisión de construir esta planta cloacal, a un costo total de 211 millones de dólares, aproximadamente, fue acordada entre Ramón Mestre y Juan Schiaretti en diciembre de 2015, el día después de que reasumieron como intendente y gobernador. Ninguno esperaba contar con aporte nacional alguno. Es que ya estamos resignados.

En enero, cuando Mauricio Macri hizo su primera reunión de gabinete en el distrito que lo tapó de votos, se firmó el convenio por el cual la Nación iba a poner dos tercios del costo.

Ojo que tiramos la cadena

El otro punto: ¿Son muchos los 1.500 millones de pesos extra que ahora gastará acá la Nación?

Lo mejor es comparar con lo que la Nación viene haciendo en el Gran Buenos Aires en el mismo rubro: agua y saneamiento. Y ahí la generosidad de los 1.500 millones se desvanece.

Sólo en el primer semestre de este año la Nación ya gastó 3.900 millones de pesos en obras que debería pagar Aysa, la empresa estatal que atiende el agua y las cloacas de la Capital Federal y del Conurbano Bonaerense (o Gran Buenos Aires). Y además lleva aportados otros 352 millones en Acumar, el ente que les limpia el Riachuelo a porteños y granbonaerenses con plata de todo el país. Son datos de la Asociación Argentina de Presupuesto (Asap). Ahí nomás, en sólo medio año, la Nación ya regó en el GBA casi el triple del aporte extra que recibirá ahora Córdoba.

Pero si la historia se remonta a 2006, cuando Aysa se estatizó, el regalo de Alberto para Bajo Grande desaparece como si uno tirara la cadena.

15 años de subirles agua al tanque

Porque desde entonces la Nación -es decir, los habitantes de todo el país- le ha regalado al Gran Buenos Aires una decena de plantas nuevas o ampliadas, tanto para potabilizar agua como para tratar líquidos cloacales. Sólo la planta potabilizadora de Tigre costó cerca de 700 millones… de dólares, a valores de 2011. Es una de las más grandes del mundo. Sirve para dar agua a dos millones de personas. Es como si la Nación hiciera las obras para abastecer de agua a dos tercios de los cordobeses.

La planta de líquidos cloacales de Berazategui alcanza para tratar la caca de 4 millones. Es decir, el equivalente a todos los cordobeses y todos los sanluiseños juntos. Pero esas son sólo algunas de las obras. Se ampliaron las depuradoras El Jagüel, Norte y Sudeste. Se inauguró otra de tratamiento cloacal en Hurlingham. Cada una de estas infraestructuras sirven para atender poblaciones equivalentes a las de Villa María, Río Cuarto y San Francisco juntas.

El obelisco y la canaleta más grande

La joda sigue: hoy todos nosotros estamos pagando el proyecto cloacal más importante de la Argentina en 70 años, el Emisario Riachuelo. Es un túnel gigante de 12 kilómetros que se adentra en el río de La Plata a 40 metros de profundidad para descargar allí los desperdicios ya tratados de 4,3 millones de argentinos. El 10% del total. Muchos. El problema es que son siempre los mismos.

¿Cuánto le va a costar esto en inflación a los pampeanos que siguen bebiendo agua con arsénico? 1.200 millones de dólares. Al oficial: 84 mil millones de pesos. Al blue: 156 mil millones. Y resulta que ahora en Córdoba hay que saltar de alegría por 4.500 millones.

Se agranda el excusado

Mientras, la discriminación al interior, en lugar de reducirse, se fue agrandando: el kirchnerismo en lugar de eliminar la vergüenza y pasar el agua y las cloacas a las jurisdicciones de Capital Federal y Provincia de Buenos Aires para que se las arreglen ellas, como deben hacer todos los demás distritos del país, fue ampliando la cobertura de Aysa pagada con impuestos de todo el país: agregó 9 partidos más del conurbano. Todo sin subir tarifas. Pagado con el déficit fiscal y el impuesto inflacionario de todo el país. Cualquier cosa antes de dejar de demagogear un solo minuto en el 0,5% del territorio nacional que elige al presidente, al jefe de Gobierno de Buenos Aires y al gobernador de Buenos Aires.

El desagotador también

Pero no todo terminó acá. La Nación no sólo pagaba todas las inversiones de agua y cloaca. Como Néstor y Cristina no querían pagar el costo político de subir tarifas (como todos los demás intendentes y gobernadores que no podían imprimir pesos) Aysa no tenía ni para pagar los sueldos. Entonces… ¡también los pagaba la Nación! Es como si el Tesoro Nacional pagara los sueldos de los empleados de Aguas Cordobesas. Durante 12 años. En 2015, último año de Cristina, todos nosotros pusimos, además de 5.600 millones para obras de Aysa, 3.000 millones más para los sueldos de Aysa. El doble del extra que nos promete hoy Fernández para terminar Bajo Grande. Y son 3.000 millones de entonces, muchos más valiosos que los pesos de hoy después de 4,5 años de alta inflación.

El gobierno de Macri subió las tarifas de Aysa y al menos, cuando se fue, el gobierno dejó de pagar los sueldos.

100 a 5: integrada, del lado equivocado

El dífícil dimensionar la discriminación irracional de la que hemos sido víctimas los habitantes del interior sin agua para sostener el privilegio de la región más rica del interior que, encima, está pegada a uno de los estuarios de agua dulce más grandes del mundo. En ningún lugar del país el agua puede ser tan barata como en Buenos Aires. Pero ahí se puso toda la plata.

Nadie lleva bien la cuenta. Le pregunté a uno de los máximos expertos en el tema en el país, que ha estado en todos los lados de todos los mostradores del agua y las cloacas, en la Nación y en las provincias. Le pedí que me estimara, a ojito, cuánto gastó en los últimos años la Nación en agua y saneamiento en todo el interior suponiendo que en el Gran Buenos Aires haya gastado 100. Se rió. Pensó. Y dijo: “Cinco…, no…, es mucho; no llega a eso”.

Se equivoca, Fernández. El drama de Córdoba no es estar aislada del resto del país. Más bien lo contrario. Lejos de estar aislada, está demasiado integrada, sólo que del lado inconveniente.

Córdoba forma parte de Centralia, la región de las provincias argentinas que es la que pone mucho más plata de la que saca. Por más que, de vez en vez, cada dos por cuatro, a un presidente se le caigan algunos vueltos para este lado. Que se agradecen, presidente, de todos modos.

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