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Cadena 3

Grandes fortunas

No es un mal impuesto: es un asalto

El impuesto "a los ricos". Más allá de las objeciones políticamente correctas, hay una de fondo: quienes van a pagar ya pagaron impuestos por hacer cosas que ya fueron un aporte a la sociedad.

17/11/2020 | 14:26

La Cámara de Diputados se apresta a sancionar el llamado “Impuesto a los Ricos”. Con ese nombre, es una pieza demagógica como hace mucho no se veía.

Y claro, es muy desagradable oponerse, votar en contra, de algo presentado por los irresponsables de siempre como que “los que tienen compartan con los que no tienen”.

La corrección política lleva a plantear solamente las objeciones más “amables”, más “razonables”, más “populares”.

Entonces se cuestiona la doble o triple imposición, prohibida por la Constitución. Sobre un mismo bien se pagan varios impuestos municipales, provinciales y nacionales. Ahora será uno más.

También se critica que grava los activos y no los pasivos. Yo puedo tener un palacio de 10 millones de dólares, pero puedo haberlo comprado con un préstamo. Debo todo. Pero pago como si fuera dueño.

Otra cuestión grave: se va a estar pagando tanto sobre bienes suntuarios como productivos. O sea, hay que entregar el 2% de los activos aunque sean tractores, tornos, tierras, camiones, maquinarias ¿La caja de herramientas de un gasista es riqueza? Tampoco lo es el galpón de un industrial.

Otra crítica: ¿y si en un año como este ya de por sí perdiste capital, quizás incluso por los decretos del propio gobierno? ¿Además de empobrecerte tenés que pagar como rico?

Pero hay otro argumento, que es el que menos se menciona: y es que los que hicieron su riqueza fueron los que ahorraron, estudiaron, trabajaron, invirtieron y reinvirtieron, con todo en blanco (si no, el Estado no los podría identificar).

Si pudieron enriquecerse fue porque hicieron cosas (latas de tomate, canciones, operaciones de corazón, lo que quieras) que el resto de la sociedad valoró como necesarias y por eso les pagaron. Y a todo eso lo hicieron pagando impuestos en el país caótico de los 166 impuestos. Sobre toda esa riqueza ya se pagó y se sigue pagando impuestos cada año. Y ya es muy solidario haber pagado los impuestos usuales en un año calamitoso.

Por eso, esto no es un impuesto. Es una confiscación, es una exacción, es una expropiación para la que no se está siguiendo el mecanismo previsto en la Constitución. Es simplemente un asalto. Pero no nos importa. Porque total van a pagar los que son capaces de ganar, ahorrar y reinvertir. Y ser capaz de hacer eso, en la Argentina pobrista, siestera, sin ambiciones y resentida, es imperdonable. Y no vamos a parar hasta que todos ellos tiren la toalla o se vayan.

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