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Distanciamiento

Mate, reposera y Covid: el hit de un verano anarco

La Nación y las provincias esta vez no tienen nada para ganar prohibiendo todo. Y van delegando a los intendentes, que compiten por atraer turistas, no por expulsarlos.

23/11/2020 | 13:32

El Canal Crónica todavía no avisó que estalló el verano pero este fin de semana largo nos está dando el preaviso. Este va a ser nuestro primer verano en el que el coronavirus viajará en el asiento de atrás el auto, con los chicos y la abuela. Y pinta de anárquico para arriba.

Todos queremos revancha. Los turistas, por haber pasado buena parte del año encerrados, tal vez intenten salir más que el año pasado, aunque lo recomendable sería que lo hicieran menos. Y los empresarios de restaurantes, hoteles, espectáculos y de la multiforme industria turística tampoco van a estar dispuestos a aceptar un parate ahí, después de un año en el que perdieron todo.

¿Cómo van a transitar los más de 7 millones de argentinos que normalmente paran en algún tipo de hotel o cabaña entre diciembre en marzo? ¿Y cómo va a comportarse ese océano de gente? ¿Con qué normas se van a manejar la industria turística? Hoy, la impresión es que vamos a ver reglas muy distintas y mucha vista gorda a la hora de exigir su cumplimiento.

La verdad, es que estamos en las antípodas de marzo, cuando se largó la cuarentena. El gobierno de Alberto Fernández, que en abril alcanzó sus mayores niveles de popularidad cerrando a cal y canto todo el país de Ushuaia a La Quiaca, ahora aclara que eso es potestad de cada provincia. Es claro: una cosa es que te encierren a aplaudir en el balcón la primera semana de la cuarentena y otra es, nueve meses después, prohibirte que te zambullas en una olla del arroyo El Durazno. A ese protocolo nadie lo quiere escribir. Y mucho menos hacer que se cumpla. No hay incentivo político para andar prohibiendo.

Pero tampoco hay incentivo económico. Una cosa fue prohibir la actividad aquel primer finde largo del 23 y 24 de marzo, apenas decretada la cuarentena, cuando los hoteles todavía estaban de pie. Otra sería hacerlo ahora, con la economía en el subsuelo y el Estado ya quebrado. Ni al presidente ni a la mayoría de los gobernadores les resulta negocio prohibir.

Así que esta vez tienen toda la motivación para hacerse los distraídos. Y delegar la cadena de mando en cada intendente. Y cada intendente tendrá el incentivo para hacerse el bobi también, si no quiere que los vecinos de sus pueblos y ciudades que viven del turismo los linchen. Y habrá un incentivo adicional para las políticas de puertas abiertas apenas disimuladas: por cada restricción que se imponga en una localidad no sólo serán menos los turistas que van a entrar a ese pueblo sino que serán más los turistas que van a ir al pueblo de al lado. Ya en un año normal las poblaciones turísticas compiten por captar a los 7 u 8 millones de turistas argentos. Imaginate este año.

Por eso no hay que descartar que este verano haya un caos de protocolos y decretos. Lo suficientemente anárquicos como para que nadie los cumpla.

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