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Cadena 3

La quinta pata del gato

Los exportadores que el país desprecia: jóvenes e invisibles

Como no pueden trabajar dentro del país, miles de argentinos se las rebuscan para exportar servicios. Pero el cepo también los explota y los expulsa.

23/11/2020 | 11:55

Ramiro es analista de sistemas. Vive en Córdoba, pero trabaja para una empresa de Estados Unidos que paga por su trabajo 2.500 dólares. Claro que, de ese monto Ramiro pierde la mitad solamente por el cepo cambiario. Como opera en blanco, sus dólares entran al Banco Central, que le da pesos a Ramiro, pero no le da 162 pesos por cada dólar, como es la cotización del blue, sino menos de la mitad, 80 pesos, que es la cotización del dólar mayorista. Con eso, más impuestos y otras retenciones que sufre, Ramiro pierde gran parte del valor de su trabajo. Ramiro ya decidió qué va a hacer: emigrar. Se irá con su hermano a Brasil, donde nadie te versea con el dólar ni te confisca con impuestos y burocracia.

Ramiro es apenas la punta del iceberg. Hay miles y miles de argentinos -muy jóvenes la mayoría de ellos- que, como Ramiro, son exportadores. Es un fenómeno nuevo. No está medido porque, por el cepo, casi todos operan en negro. Pero me animo a jurar que es un récord, que jamás hubo tantos argentinos exportando como hoy.

Te cuento sólo casos que conozco personalmente, todos de Córdoba. Agustina, de 25 años, administra redes sociales de una empresa de Perú. Cobra 300 dólares, todo en negro, y logra sortear el cerco porque la firma, con vínculos en la Argentina, le hace llegar los dólares en billetes, pero con irregularidad. Agustina ya tiene ticket de ida a Italia, donde espera conseguir más clientes y poder cobrar sin malabares tercermundistas.

Nicolás es un treintañero que subtitula videos del castellano al inglés para una empresa del exterior. Para no perder con el cepo, cobra a través de la plataforma de pago Skrill, una de las tantas. Va dejando sus dólares allí porque, como Ramiro, también piensa irse a Brasil más adelante. Cuando lo haga, usará libremente sus dólares allí.

También conozco a Miguel, que enseña inglés a chinos a través de plataformas educativas de ese país. Miguel logró que unos amigos le abrieran una cuenta bancaria en Miami. Por ahora, su dinero se acumula allí, mientras él vive de su trabajo aquí.

Y conozco a Mariana, una traductora especializada en temas de salud, que exporta sus servicios y los cobra en una cuenta bancaria que abrió en Uruguay. De vez en cuando viaja a Uruguay y extrae por cajero los dólares billetes.

El presidente Alberto Fernández, el ministro de la Producción, Matías Kulfas, y una larga lista de funcionarios que jamás exportaron nada se la pasan diciendo que Argentina necesita exportar. Bueno: los exportadores están: dado que es imposible trabajar dentro del país, hay muchos argentinos capaces de conseguirse sus curros afuera en un mundo al que la tecnología cambió por completo, generando una oportunidad que, por ejemplo, no estaba en la crisis del 2001.

Pero lo que falta es dejar atrás el caos disfuncional y ya anacrónico del Estado, que lleva al cepo recurrente. Sin eso, los chicos argentinos capaces de autoexportar sin que nadie les haya enseñado, sin un subsidio ni protección, van a tener que seguir dejando la plata afuera, o traerla en negro con enormes costos o directamente mudarse, que es en definitiva lo mismo que les pasa a las empresas. 

En el fondo, a estos jóvenes la Argentina no sólo les está impidiendo trabajar adentro del país. También les impide que se las rebusquen afuera. Si lo hacen en blanco, el Estado los asalta; si lo hacen en negro, están en la marginalidad e igualmente con altos costos. O sea: esta Argentina no les permite vivir. Los expulsa. Para evitarlo, hay que terminar con el cepo. Y con las causas de fondo que nos llevan una y otra vez al cepo. No es tan difícil de entender.

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