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Cadena 3

La quinta pata del gato

Guzmán corre hacia el FMI para no devaluar por las malas

El gobierno necesita un mix de tres cosas: blanquear parte de la devaluación del peso; jurar que va bajar el gasto público y hacerle decir a CFK que ella apoya el ajuste.

23/10/2020 | 14:17

Mientras el dólar nos hipnotiza desde hace semanas y preguntamos si el gobierno devaluará, la devaluación -es decir, la pérdida de valor del peso y de nuestra capacidad adquisitiva- sucede todos los días, todo el tiempo. No podemos importar todo lo que necesitamos porque no nos alcanza. Los exportadores no quieren desprenderse de la soja por una cantidad de pesos tan escasa para el valor que tienen. Las fábricas de cualquier cosa suben sus precios. Y, si no les permiten subirlos, prefieren no vender por tan pocos pesos sin valor. Los ejemplos son miles.

Lo único que queda sin haberse disparado es el dólar oficial. Y eso es porque prohibieron comprarlo. Hasta el gobierno sabe que no puede mantenerse más así, después de haber emitido 1,8 billón de pesos, por un lado, y de las campañas del Instituto Patria para aterrorizar a cualquiera que tenga un dólar en el colchón, por el otro.

El gobierno sabe que, si quiere tener futuro y esquivar una devaluación por las malas, con inflación descontrolada, debe lograr un mix de tres cosas: blanquear la devaluación del peso en algún punto entre los 100 y los 150 pesos, jurar que va bajar el gasto público para dejar de imprimir pesos y hacerle decir a Cristina Fernández que ella respalda todo eso y que está en contra del anticapitalismo que fogonean sus lugartenientes. Cuánto más haga de una de las tres cosas, menos tendrá que hacer de las otras dos. Por ejemplo, a menor compromiso de Cristina Fernández, más devaluación del peso tendrá que blanquear.

La operación es muy difícil. Nadie si el presidente Alberto Fernández está dispuesto a arrear esas tres cosas juntas, y si en ese caso lo va a poder hacer, encima en medio de una pandemia cuyo epicentro global hoy es la Argentina.

Por si faltaba algo, la botonera económica no funciona, sea la del Ministerio de Economía o la del Banco Central. Las medidas que se toman duran media mañana, sean las de Martín Guzmán o las de Miguel Pesce.

Por eso, liquidado el gradualismo de Alberto Fernández, la Argentina se dispone a hacer lo mismo que hizo Mauricio Macri cuando su propio gradualismo sucumbió: ir al FMI. Sólo que lo hace en una situación infinitamente peor. Y así como Dujovne era el preferido de Christine Lagarde, Guzmán parece el mimado de Kristalina Georgieva. Lástima que el FMI no podrá volver a darle a la Argentina el préstamo más grande de su historia para financiar el tránsito del ajuste. Lo hizo hace apenas dos años y no funcionó.

Lo único que puede hacer el FMI es dar fe de que Argentina tiene un plan político, institucional y económico y que ese plan es adecuado para ordenar el caos fiscal y terminar 10 años de recesión e inflación.

Guzmán quería hacer exactamente eso. Presentar un plan que pueda ser avalado por su madrina política en el FMI que no atragante a su madrina política en el Instituto Patria. Y hacerlo aprobar en el Congreso incluso por la oposición. El problema es que Guzmán, el lento y moroso ministro de Economía, lo imaginaba para marzo. Y ahora sabe que lo necesita para ayer.

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