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Cadena 3

Integración económica

El último dinosaurio proteccionista

Brasil dio tres avisos en una semana: se va a liberalizar. Argentina, ante el riesgo de quedar sola en el museo del siglo 20.

16/11/2019 | 12:47

En una sola semana Brasil le avisó tres veces a la Argentina que no la va a esperar. Que va a abrirse al mundo y a liberalizar su mercado.

Primero, el gobierno de Jair Bolsonaro anunció que ya negocia un tratado con China, sin esperar al Mercosur. Segundo, la cancillería brasileña insistió en que podría usar uno de los puntos ya cerrados entre el Mercosur y la Unión Europea para que las ventajas comerciales que se pacten empiecen a regir en los países cuyos parlamentos vayan aprobando el convenio (lo que le quita a la Argentina capacidad para demorar todo). Y tercero, el ministro de Economía, Paulo Guedes, ratificó que quiere bajar a la mitad el arancel externo común del Mercosur. Este arancel es un impuesto promedio del 14 por ciento que tienen que pagar las empresas de afuera del Mercosur para vender dentro del bloque. Es una ventaja para los socios. Por ejemplo, la Argentina puede vender a cualquiera de los tres socios sin ese impuesto, es decir de entrada tiene una ventaja de 14%. Si eso bajara a la mitad, esa ventaja cae a la mitad.

Las tres definiciones de Brasil son clave. Brasil era la última gran economía de Occidente que era proteccionista. Fue la última tabla a la que se aferraron los sectores que en la Argentina eluden reconvertirse desde hace décadas.

Nosotros no parecemos darnos cuenta. Alberto Fernández acaba de decirles a los embajadores de la Unión Europea que quiere primero leer el acuerdo con la UE. Pero resulta que no está escrito del todo. Primero, hay que tener voluntad de escribirlo. Y el mismo presidente entrante cabalga sobre una alianza de sindicalistas a los que les acaba de ratificar que no habrá reforma laboral, de industriales a los que les promete protección y préstamos regalados y gobernadores que lo presionan por recursos para seguir alimentando sus burocracias. Todo junto perfila una economía de altos costos improductivos. Que sólo podrá subsistir encerrada en sí misma y cada vez más pobre. Si va a ser así, saquen sus pañuelos y despídanse de Brasil. Porque vamos a ser el último dinosaurio en el Museo del Proteccionismo.

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