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Cadena 3

Medidas económicas

El otro riesgo: que hartemos a Atlas

Supermercados chinos prefieren cerrar, antes de que los castiguen por precios y stock. Y varios frigoríficos también. Mientras, les siguen sumando burocracia.

31/03/2020 | 16:45

La Rebelión de Atlas es una ficción escrita en 1957 por Ayn Rand, una rusa radicada en Estados Unidos que contó en ese libro muy influyente en su país un paro general de los emprendedores y empresarios, agobiados por la intervención de un Estado cada vez más asfixiante y una sociedad cada vez acostumbrada a vivir de arriba. La rebelión termina paralizando al país entero.

Argentina está muy lejos de eso. Al revés, acá el problema es que, por la pandemia, el 70% de las empresas están en riesgo porque tienen prohibido funcionar.

Sin embargo, a la par de eso, aparecen situaciones acotadas. En el Gran Buenos Aires, por ejemplo, son casi dos centenares los supermercados chinos que optaron por cerrar. Las razones son muchas. Una de las que cita la cámara que los nuclea son los controles de precios y de abastecimiento que hacen la Afip, la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires y los intendentes a los que les pinta. La utopía teórica de exigir a las empresas que abastezcan en forma infinita bienes a precios inferiores a los que están dispuestos a pagar los consumidores es suficientemente enfermiza, pero hay otras razones: el temor al saqueo, la menor demanda luego del acaparamiento inicial y las dificultades para aprovisionarse en una economía parada.

Otro ejemplo es el de los frigoríficos. Hay al menos 10 plantas en todo el país que dejaron de faenar. Las razones son muchas. Van desde regulaciones de 50 años de antigüedad que no desarrollaron la curtiembre en el país pero sí sirvieron para abarrotar los frigoríficos de cueros que nadie quiere hasta el temor a que el contagio de empleados se transforme en una carga. 

Por si les faltaba algo, a la sucesora de Guillermo Moreno en la secretaría de Comercio Interior, Paula Español, se le ocurrieron dos genialidades burocráticas más. 

Una es exigir a toda la cadena información detallada que el Estado ya junta dos veces (se da a la Afip y a la Onca). 

La otra es ordenar una investigación para saber si hay competencia en un sector que tiene cientos de miles de productores ganaderos, cientos de faenadores y 70 mil carnicerías. Es obvio que hay competencia.

Acá la única incompentencia es la de algunos funcionarios. Que ni siquiera se dan cuenta de que no saben hacer otra cosa que incitar a la rebelión de Atlas, al hartazgo de los pocos que trabajan e invierten de verdad y hacen funcionar lo poco que funciona hoy en este país.

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