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Cadena 3

Crisis económica

El Orfeo, la crisis perpetua y nuestra nostalgia boba

Cuestionado cuando Bugliotti lo construyó, hoy algunos sugieren estatizar el estadio para conservarlo. Si por h o por b no se usa ¿por qué pasarle otro muerto al municipio?

15/10/2020 | 17:21

La posible demolición del Orfeo Superdomo en Córdoba y la discusión que eso ha disparado inspira muchas metáforas sobre la Argentina y sobre su sociedad.

Primero, la corta vida del Orfeo es en sí una foto de la última gran frustración del país.

El Orfeo surgió de las cenizas de 2001. Su dueño, Euclides Bugliotti, lo abrió en 2002 después de reinvertir la fortuna que cobró al vender los hipermercados Libertad a precio dólar en el uno a uno de la convertibilidad. Para muchos, estaba loco: ¿quién iba a pagar espectáculos internacionales masivos si apenas teníamos para polenta? Sin embargo, Bugliotti arriesgó. Y el Orfeo funcionó.

Ahora, 18 años después, la Argentina desperdició aquella oportunidad histórica de la soja a 600 dólares a manos de gobiernos demagógicos e ineptos que repusieron los déficits gemelos que la brutal crisis del 2001 había acomodado. Y todo colapsa de nuevo. También el Orfeo. El propio Bugliotti pide la sentencia: pide permiso para demoler su propio legado. Tal vez porque no cree que la pospandemia vaya a ofrecer el mismo rebote que la posconvertibilidad. Esta es una metáfora.

Pero también hay otra metáfora. Cuando Bugliotti se propuso enterrar sus millones para darle a Córdoba un escenario de primer nivel, se encontró con gran rechazo. Unos defendían eucaliptus. Otros le criticaban que iba a destruir la trama urbana. Otros le exigieron obras pluviales y viales que el Estado ya era incapaz de financiar. En el fondo, era nuestro viejo rechazo argento a los “empresarios diabólicos”, siempre sospechados de que vienen a “quedarse” con cosas que nuestra nostalgia sobrevalora.

Hoy, cuando Bugliotti dice “no va más” luego de perder fortunas, la misma sociedad que antes se oponía al Orfeo ahora lo hace objeto de su nostalgia. Y algunos piden que no se destruya.

¿Qué quieren? ¿Que lo estatice la Municipalidad? Si el Orfeo no tiene perspectiva con Bugliotti, ¿por qué habría de tenerla si lo maneja una Municipalidad que todavía no sabe cortar el pasto de las plazas? Imaginate el Orfeo manejado por el Suoem. Es más: si nosotros mismos, por h o por b, y desde antes de la pandemia, no usamos lo suficiente el Orfeo, que al final es por eso que cierra, ¿para qué lo queremos?

La nostalgia puede ser buen negocio en el futuro para algunos: por ejemplo, la golpeada industria del espectáculo. A futuro sería un golazo que la Municipalidad o la Provincia mantengan a pérdida un Orfeo que ellos podrían usar pagando apenas una parte de lo que cuesta y no todo lo que cuesta, como debían pagarle a Bugliotti. O sea: es tentador ligar otro subsidio más. Por eso hay artistas y organizadores diciendo que sería una lástima destruir el mejor escenario del país. Muy bien: si el Orfeo es tan fantástico para ellos, ¿por qué fueron dejando de usarlo aún antes de la pandemia?

La respuesta es que el Orfeo es demasiado caro para nuestra pobreza, que tal vez sigamos siendo pobres por bastante tiempo más y que, tal vez, el Orfeo haya dejado de interesarnos de verdad desde antes de la pandemia. Si no, su dueño no lo querría demoler.

Lo aprendió a los golpes Bugliotti, perdiendo su propia plata. Y aprendamos nosotros también. No volvamos a enredarnos en la nostalgia. Dejemos que Bugliotti haga algo más útil en ese predio, que tal vez en 20 años también nos va a parecer bien. Y no perdamos nosotros más plata de la que ya perdemos en la Municipalidad.

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