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Cadena 3

Medidas económicas

Cuarentena: la apertura tiene ganadores y perdedores

Mejoran los negocios chicos, de la periferia y de ciertos sectores. Tal vez se rompa el frente privado que exigía reapertura a los gobiernos.

11/05/2020 | 14:44

La flexibilización de la cuarentena empieza a separar el mercado entre ganadores y perdedores. Dos bandos. Uno que tiene chances de empezar a reactivarse y otro que tiene que seguir en el freezer.

Por ejemplo, las restricciones que continúan al transporte público y el límite, al menos en Córdoba, para que los clientes puedan comprar sólo dentro de un radio de 10 cuadras, beneficia a comercios de la periferia y perjudica a los del centro. Si esas normas se cumplen, los comercios del centro podrán abrir, pero no tendrán la cantidad de clientes que necesitan normalmente para cubrir sus costos.

También hay actividades enteras que se beneficiarán más que otras. En casi todos los barrios hay negocios de indumentaria, pero no en todos los barrios hay locales de Claro, Personal, Movistar y otras telefónicas.

Hay modalidades que se benefician y otras que no. Por ejemplo, para una zapatería es más fácil adaptar su negocio al distanciamiento social. Pero para un restaurante la modalidad presencial es imprescindible. De hecho, siguen cerrados como tales, sólo pueden sobrevivir con delivery y, ahora, vendiendo para llevar. Tienen que transformarse en rotiserías. Algo poco probable para un restaurante de categoría, por ejemplo.

También discrimina a las empresas por tamaño. Hay negocios que están organizados y son viables sólo si pueden llegar a ellos clientes de toda la ciudad. En un mismo barrio, una pequeña florería capaz que mal que mal se las arregle con la clientela de 10 cuadras alrededor, pero un vivero de cierta importancia no puede funcionar en un mercado tan restringido.

La cuestión no tiene una importancia sólo económica. También tiene una importancia política. ¿Por qué? Bueno, porque hasta ahora el sector privado reclamaba la apertura de la cuarentena como un todo, ponía bajo presión a los gobiernos actuando todos juntos: pymes y grandes, comercios e industrias, profesionales y no profesionales. Todos pedían lo mismo. Y eso molestaba al poder político. El fin de semana Alberto Fernández advertió varias veces que nadie le iba a “torcer el brazo”.

Ahora, eso tal vez cambie. La presión capaz que bajará un poco. Y los que tengan que seguir cerrados, los que no logren operar en un mercado tan limitado, van a quedarse un poco más solos en su reclamo. Y los gobiernos van a sentirse mucho menos presionados.

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