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Cadena 3

Otra vez

Al petróleo privilegios, al agro amenazas

Se repone un precio mínimo para el crudo: ganan los emiratos provinciales y pierde el resto. Los K insisten con un viejo éxito: la Junta Nacional de Granos.

07/05/2020 | 16:52

Es increíble, pero Argentina se prepara para reeditar su eterno manual de fracasos garantizados.

Por un lado, está a la firma de Alberto Fernández un decreto para ponerle un precio mínimo al barril de petróleo, revivir el famoso “barril criollo”. Hoy, por influencia de la baja internacional, está en 30 dólares. Pero lo vamos a tener que pagar a 45.

La medida no convence ni a las petroleras. Exportar se hará más difícil, porque el costo interno sube mientras el precio que podés facturar afuera baja. Y vender en el mercado interno también se complicará: hoy el precio en los surtidores está congelado a un valor razonable si el precio del barril es 30. Pero si sube el crudo, ¿el gobierno va a autorizar que suba?

Lo más grave: el “barril criollo” no va a ser jamás una respuesta con futuro, porque así esa industria siempre tendrá que limitarse a operar en el diminuto mercado interno, donde es inviable alcanzar escala para ser eficiente y tentar inversiones.

En realidad, los únicos que están chochos son los jeques de los emiratos petroleros patagónicos. Porque esto significa sí o sí aumentar sus regalías 50% en dólares dado que el mismo porcentaje se aplicará no sobre 30 dólares sino sobre 45. Así podrán seguir haciendo lo de siempre: inflar el clientelismo de sus estados provinciales y municipales paquidérmicos.

¿Y los consumidores? ¿Y las provincias que no cobran regalías? Nadie los consultará. Y nos van a seguir haciendo el verso ridículo de que para los argentinos pagar más caras las cosas es bueno para los argentinos.

En el otro rincón, pasa lo contrario. En el Senado, la legisladora hiperK por Río Negro Silvina García Larraburu acaba de meter un nuevo proyecto ¡otra vez! para restablecer la Junta Nacional de Granos. El proyecto está ahí como una amenaza latente. El riesgo de resucitar aquel infierno burocrático de la década del 30 que el primer peronismo llevó al extremo y que nadie pudo eliminar hasta que logró hacerlo Menem en los 90. Las juntas de grano estancaron al agro argentino en todas sus variantes durante 60 años.

La Junta de Granos en el fondo busca también, como en el petróleo, desconectar al campo de los mercados internacionales pero al revés. No es para fijarle un precio mínimo, como al petróleo, sino precios máximos, para que el agro subsidie al resto de la economía aún más de lo que ya lo hace con retenciones, dólar exportador ficticio y resto de impuestos.

Semejante proyecto garantiza graves perjuicios a toda la cadena agroindustrial y a la economía central del país que financia desde hace 80 años al resto del país. Es el único sector económico argentino capaz de competir en el mundo. Pero están dispuestos a destruirlo una vez más. A esa tentación no la pierden nunca.

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