Kicillof fue a comprar naranjas y se llevó mandarinas (Por Adrián Simioni)

Deudas provinciales

Kicillof fue a comprar naranjas y se llevó mandarinas

04/02/2020 | 17:53 | Al final, hasta el sector más radicalizado del kirchnerismo terminó pagando. Los bonistas pueden pensar que Kicillof se tiró un lance para no tener que seguir administrando la escasez y tener más dinero a mano para financiar su carrera política.

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Es incomprensible lo que acaba de suceder con Axel Kicillof. Se encerró a sí mismo en un laberinto sin salida posible para demorar el pago de un vencimiento menor, apenas el 3% de la deuda bonaerense, por apenas tres meses. ¿Qué iba a cambiar en tres meses? Poco y nada.

También dio la impresión de que su manejo táctico fue poco profesional. Empezó mostrando los dientes a los acreedores, con ultimátums al todo o nada, pero luego las fechas de muerte súbita se iban prorrogando y la oferta a los acreedores iba mejorando cada vez más.

Sus opciones terminaron siendo ir al default o no. Y eligió no defaultear. Kicillof va a pagar cada uno de los pesos que dijo que no iba a pagar porque, según él, y lo repitió incansablemente recién, la deuda bonaerense era impagable. Bueno, no era impagable. A la plata la tiene ¿Eso es buena fe, se preguntarán ahora sus acreedores?

Hay que ver los efectos que todo esto puede tener sobre una negociación mucho más crucial y difícil, la que intenta llevar adelante la Nación para no entrar ella en un default que sí sería durísimo.

Por un lado, no le hace un gran favor a Alberto Fernández. El presidente acaba de jugar una ficha grande en una gira en la que fue a tirarles la manga a los lideres de Alemania, Francia, España e Italia. Esa gira termina mañana. Y mañana el ministro nacional, Martín Guzmán, tendrá otra reunión protocolar con la jefa del FMI, Kristalina Giorgieva. Sin embargo, mañana nadie estará hablando de los respaldos más o menos fuertes que hayan recibido el Presidente y Guzmán, sino de las piruetas de Kicillof con la deuda de la provincia más grande del país.

En este sentido, los efectos podrían ser al menos dos. Si los bonistas de la Nación se llegan a convencer de que la alianza gobernante ladra mucho pero muerde poco, como Kicillof, eso podría debilitar la posición negociadora de la Argentina.

Pero los bonistas podrían mirarlo de otro modo, que es el siguiente: al final, hasta el sector más radicalizado del kirchnerismo terminó pagando. Pueden pensar que Kicillof se tiró un lance para no tener que seguir administrando la escasez y tener más dinero a mano para financiar su carrera política con gasto público generoso, como siempre hizo el kirchnerismo. Pero que al final pagó. Es más: en última instancia aún el fondo de inversión que no aceptaba su propuesta estuvo dispuesto a pagar en cuotas. Pero aparentemente Kicillof pagará de contado.

La comedia completa recuerda aquella vez que, en plena campaña electoral, Kicillof se bajó a comprar naranjas en San Pedro y terminó confundiéndolas con mandarinas y pagándolas el doble de lo que costaban.